ORIGEN , VIDA y
OBRA de los INGENIEROS MILITARES ESPAÑOLES
*
Prólogo
* El
Cuerpo de Ingenieros Militares españoles
* Oficiales
del Real Cuerpo de Ingenieros
* Las
condiciones materiales de la vida privada de los Ingenieros Militares
en España en el Siglo XVIII
* Lista
de los 21 Ingenieros Militares con actuación en la Banda Oriental
(Siglos XVIII y XIX)
Hombres
nivelando. Los veinte y un libros de los ingenios y máquinas.
Juanelo Turiano. Siglo XVI. Biblioteca Nacional. Madrid .
Fuente : www.Ingenierosdelrey.com |
Prólogo
Circunstancias
especiales determinaron que en el año 1935 el autor de este
trabajo buscara y reuniera datos acerca de los Ingenieros Militares
españoles que estuvieron , no de paso en el territorio oriental
del Uruguay , sino enviados expresamente desde la península
ibérica para realizar obras públicas de fortificación
o de otra naturaleza .-
El propósito perseguido con el acopio de esos datos era escribir
una historia del Cuerpo de Ingenieros Militares Españoles en
el Río de la Plata durante el período hispánico
español. El ambicioso proyecto tropezó con las dificultades
inherentes a los trabajos de investigación aumentados por la
inexperiencia del autor.-
Una parte de los datos destinados a la realización del proyecto
fueron empleados en la redacción de una monografía sobre
el Ingeniero Carlos Cabrer en 1942 y otros sobre el Ingeniero Bermúdez
en 1955.-
Transcurrieron los años sin que volvieran a usarse los materiales
acumulados hasta que actualmente se actualizaron los antiguos datos
limitados , esta vez , a los técnicos que actuaron en la Banda
Oriental.-
Esta reducción del campo histórico no significó
una disminución de la labor pues para identificar a los Ingenieros
Militares que trabajaban en lo que hoy es el Uruguay fue necesario
repasar íntegramente los datos para ir descartando a los que
no salieron de Buenos Aires como Joaquín Mosquera , Francisco
García Carrasco , Antonio Duarte y Mauricio Rodriguez de Berlanga.-
Creímos necesario eliminar también de este estudio a
los Ingenieros Militares que formaron parte de la gran expedición
española de don Pedro
de Ceballos , pues vinieron y regresaron en la misma escuadra
, entre los que figuraron los brigadieres don Pedro Martín
Zermeño , Miguel Moreno y otros.-
Tampoco figuran en este estudio algunos mal denominados ingenieros
, pues no formaron parte del Cuerpo ,ni estuvieron incluídos
en el escalafón ; sin embargo hay que reconocer que trabajaron
en obras de ingeniería y construcción debido a la escasez
de técnicos ; entre estos hay que mencionar a Pedro Cerviño
, ingeniero geógrafo ; Julio Ramón de César ,
ingenieros geógrafos ; Pedro García , Juan Inciarte
, y otros.-
. . .
Nos hemos visto compelidos a excluir al Brigadier de Ingenieros
portugués don José Custodio de Sa y Faría , pues
pese a sus talentos de ingeniero y haber ejecutado trabajos arquitectónicos
de mucho mérito en Buenos Aires y Montevideo ( fue el autor
de los planos de la Iglesia Matriz montevideana ) , no llegó
a formar parte del Cuerpo de los Ingenieros Militares.-
. . .
Para el ordenamiento de este trabajo , se ha escogido como
base la fecha de llegada de los ingenieros al Río de la Plata
, por ser dato bien determinado en todos los casos y que coincide
con el orden en que se ejecutaron las obras de defensa en nuestro
territorio , pues la casi totalidad de los trabajos realizados por
los ingenieros respondió a esa finalidad.-
Salvo contadas excepciones , el nivel profesional de los ingenieros
militares que prestaron servicios en estas tierras fue elevado y acredita
una excelente formación ; sólo en las más antiguas
promociones de ingenieros se observan bajos niveles debido a que se
reclutaron a oficiales que no habían seguido los cursos de
formación en la Academia de Matemáticas de Barcelona
y eran de muy diversa procedencia.-
En bastantes casos el rendimiento de los ingenieros fue menor del
que podía esperarse y se debió , casi siempre ala penuria
del erario que impidió convertir en obras los proyectos.-
Gran parte de los ingenieros militares no hicieron uso de la autorización
de solicitar el regreso a la península al cumplir 5 años
de servicios en América ; por el contrario , la mayor parte
de ellos , arraigaron en el país , formando familia e identificándose
con el nuevo medio al extremo de que al estallar los movimientos de
independización en el Plata , muchos de ellos ( comenzando
por el propio Comandante don Bernardo Lecocq ) se adhirieron a la
Junta Revolucionaria , aunque otros , como José del Pozo y
Marqui , y José María Cabrer siguieron fieles a las
antiguas instituciones. Pero unos y otros permanecieron en Montevideo
o Buenos Aires hasta su muerte.-
Después de la selección a que nos hemos referido , el
total de los ingenieros militares españoles que actuaron en
la Banda Oriental en todo el siglo XVIII y los primeros años
del XIX , se reduce a 21 oficiales de que vamos a
ocuparnos.
Bibliografía
: Compilador : Juan José
Arteaga
Extracto
del Libro : " Uruguay . Defensas y Comunicaciones en el período
hispano” . Autor : Cnel. Rolando
L. TRIAS
El
Cuerpo de Ingenieros Militares españoles.-
Rosetón
que adornaba el Fronstispicio de la Academia en Barcelona.Representa
a la Diosa Minerva , rodeada del lema.
Fuente : www.ingenierosdelrey.com |
En
1709 , Felipe V , el primer Borbón que reinó en España
, después de haber triunfado sobre las pretensiones de los
Austrias , llamó al Marqués
Jorge Próspero de Verboom , que servía en Flandes
, para organizar a los ingenieros militares de España de modo
análogo a como lo estaban en Francia ; Verboom propuso al Rey
la creación de una Academia de Matemáticas en Barcelona
, destinada a formar los nuevos técnicos que abrió sus
puertas en 1711. En cuanto a los ingenieros que ya existían
se resolvió agruparlos , tras algunos ensayos , en las siguientes
categorías : Ingeniero General (para el que fue designado el
Teniente General Jorge Próspero de Verboom ; Ingeniero Director
(para ejercer el mando en cada una de las provincias) con el grado
de Brigadier o Mariscal de Campo ; Ingeniero en Jefe (Coronel) ; Ingeniero
en Segundo (Teniente Coronel) ; Ingeniero Ordinario (Capitán)
e Ingeniero Extraordinario o Ayudante (Teniente) . . .
En 1739 se agregó la categoría de Ingeniero Delineador
(con grado de Sub Teniente).
El número de Ingenieros Militares era de 150 Oficiales , de
los cuales , 10 eran Directores , 16 Ingenieros en Jefe , 24 Ingenieros
en Segundo , 40 Ordinarios , y 60 Extraordinarios.
El 21 de abril de 1736 propuso Verboom que ese número se redujese
a 140 y el 30 de abril se decretó que hubiese 8 Directores
, 16 Ingenieros en Jefe , 24 en segundo , 40 Ordinarios y 52 Extraordinarios.-
En 1739 , al hacerse cargo el Duque de Montenar de la Dirección
General del Cuerpo , modificó nuevamente su organización
en 10 Directores (uno por cada Provincia) , 16 en Jefe, 20 en Segundo
, 30 Ordinarios , 40 Extraordinarios y 24 Delineadores.-
La equivalencia entre las categorías o empleo de ingenieros
y los grados militares de ejército no eran rigurosamente complementarias
y a menudo se desdoblaban ambas escalas jerárquicas ; por ejemplo
a Petrarca se le nombró Ingeniero en Segundo con sueldo de
1500 pesos anuales ( 125 mensuales ) , pero no se le otorgó
el grado de Teniente Coronel sino que continuó con el grado
de Capitán.-
En 1756 al hacerse cargo el Conde Aranda de la Dirección General
de la Real Artillería e Ingenieros resolvió cambiar
la estructura del cuerpo suprimiendo las denominaciones de Ingenieros
en Jefe , en Segundo , Ordinarios , Extraordinarios y Delineadores
y conservando como obligatorias las jerarquías militares de
Coronel , Teniente Coronel , Capitán , Teniente y Sub Teniente
; al mismo tiempo restableció para el cuerpo el total de 150
oficiales. En 1778 el Director General de Ingenieros don Silvestre
Abarca, aumentó el número de componentes del Cuerpo
a 300 oficiales , de los cuales 150 servirían en España
y los otros 150 en América. Se estableció también
que cumplidos cinco años de servicios en América podían
pedir el regreso a España.-
Pero poco después se redujo el número de ingenieros
militares para América a 110 correspondiendo a la Dirección
de Ingenieros en Buenos Aires , 1 Director , 2 Ingenieros en Jefe
, 1 en Segundo , 1 Ordinario , 2 Extraordinarios y 2 Ayudantes.
. . .
Uniforme
de Oficial del Cuerpo de Ingenieros (s.XVII)
Fotografía tomada en la Exposición "La Academia
de Matemáticas de Barcelona. El legado de los Ingenieros
militares". Atarazanas de Barcelona, julio de 2004.
Fuente
: www.ingenierosdelrey.com
|
No se había establecido el tiempo mínimo y obligado
de permanencia en cada grado para los ascensos pues estos sólo
se efectuaban cuando se producían vacantes por fallecimiento
de los oficiales ; estas vacantes se llenaban , unas por antigüedad
en el empleo y otras por elección ; este sistema de ascensos
daba lugar a que los oficiales permaneciesen largos años sin
ascender ; los más impacientes solicitaban el ascenso como
actualmente se piden los permisos o licencias y la mayor parte de
las veces resolvía : no ha lugar.-
No había límite de edad para cada grado pues el retiro
no existió hasta fines del siglo XVIII y principios del XIX
. Los oficiales permanecían hasta su muerte en situación
de actividad.-
Bibliografía
: Compilador
: Juan José Arteaga
Extracto
del Libro : " Uruguay . Defensas y Comunicaciones en el período
hispano” . Autor : Cnel. Rolando
L. TRIAS
Las condiciones materiales de la vida privada de los Ingenieros Militares
en España durante el Siglo XVIII.
* Introducción
* Ingresos
de los ingenieros militares
*
Ingresos correspondientes
a la función: sueldos y gratificaciones
*
Rentabilizar
las ganancias
* Los inventarios de bienes como reflejo de las
condiciones materiales de vida
* Las bibliotecas de los ingenieros
Introducción
En el siglo XVIII,
los ingenieros militares españoles formaban el cuerpo técnico
y científico del ejército. Este cuerpo fue un ejemplo
modélico del reformismo borbónico, elemento moderno
y precursor del ejército, apoyo del poder real y de su voluntad
centralizadora. Uno de los aspectos innovadores de nuestro estudio
consiste en esbozar la vida privada de los miembros de este cuerpo.
De esta manera, podemos dibujar la realidad del ingeniero no solamente
en el ejército sino también en la sociedad de su tiempo.
A través del estudio de las remuneraciones, de los inventarios
de bienes y de las bibliotecas de los ingenieros se puede definir
su nivel económico, su universo privado y sus centros de interés.
Así se demuestra que pertenecían a la clase media cultivada
y que participaban en la creación de una nueva elite social:
la de los técnicos.
Nuestro
trabajo de investigación nos ha llevado a hacer un estudio
prosopográfico y social del cuerpo de ingenieros militares
españoles entre 1710 a 1803. Esta institución presenta
el interés de ser un cuerpo nuevo, creado por la nueva dinastía
llegada al poder en España al principio del siglo XVIII: los
Borbones. Naturalmente, los ingenieros militares existían en
España antes de 1710, pero no estaban organizados corporativamente.
El fundador del cuerpo de ingenieros militares fue Jorge
Prosper Verboom, un ingeniero flamenco que sintetizó las
practicas francesas, españolas y flamencas que dieron nacimiento
al cuerpo español en 1710. El cuerpo destaca como modelo del
reformismo borbónico, puesto que corresponde a los criterios
de la monarquía para un ejército moderno: militares
bien formados, servidores competentes del Estado, que contribuyen
con su polivalencia al establecimiento de la política de la
realeza, a la centralización del Estado y a la afirmación
del despotismo ilustrado. El cuerpo de ingenieros fue una de las claves
de la recuperación de España. Por lo tanto, debe ser
objeto de los estudios necesarios para comprender el siglo XVIII español.
Entender como funcionaba dicho cuerpo, en qué contribuyó
a la realización de la política de la monarquía
borbónica, ha sido el primer objetivo. El segundo, lo ha constituido
el estudio prosopográfico de un corpus de 787 ingenieros, para
así poder ofrecer una dimensión suplementaria a su comprensión,
lo que permite examinar no solamente la vida profesional de los ingenieros
sino también entrar en sus vidas privadas y en sus círculos
de relaciones. Gracias a este método, se puede descubrir el
lugar que ocupaba este grupo de técnicos bien instruidos y
de gran competencia en los progresos del país, y con qué
tipo de elite se identificaba. De esta manera, es posible situar el
cuerpo de ingenieros en la sociedad, en el mundo militar y mostrar
su participación en el desarrollo del país.
Uno de los aspectos innovadores de nuestro estudio (1) consiste en
esbozar la vida privada de estos hombres. No ha sido fácil
penetrar en este espacio para la totalidad del corpus; en efecto,
las diferentes fuentes de información están en diversos
archivos y las lagunas documentales son importantes. Pese a todo,
los documentos existentes han permitido, no sólo observar la
red de lazos matrimoniales y familiares, sino también visualizar
la manera de vivir de esos hombres y sus centros de interés.
Nuestra intención es presentar los resultados de las investigaciones
sobre la vida de los ingenieros en tres partes. En la primera, el
estudio de su situación financiera nos da una idea de sus condiciones
de existencia. En la segunda, el análisis de los inventarios
de bienes nos ofrece un esbozo del marco de la vida cotidiana de esos
hombres. Para terminar, el examen de sus bibliotecas permite definirlos
a través de sus centros de interés.
A)¿Cuáles
eran los ingresos de los ingenieros?
Para evaluar sus
ingresos, podríamos contentarnos con el estudio de sus ganancias
profesionales: sueldos, raciones y gratificaciones ligadas a una misión.
Pero hemos querido seguir otras pistas. A partir de algunos testamentos,
ha sido posible definir ciertos comportamientos financieros. Gracias
a esta fuente documental, hemos podido entrever la existencia de otras
posibilidades de aumentar sus rentas, a veces de manera ilegal. Pero
sobre este punto no se han encontrado documentos suficientes para
determinar si fue un comportamiento muy extendido.
1)
Ingresos correspondientes a la función: sueldos y gratificaciones.
Los ingenieros
eran militares que tenían por principal ingreso los sueldos
relacionados con sus grados o empleos. El siglo XVIII fue un momento
de consolidación de las estructuras militares y por lo tanto
de fijación por las reglamentaciones múltiples de un
sueldo estable. Las remuneraciones del militar estaban compuestas
por sueldos pagados en efectivo, raciones saldadas en especie o en
dinero y gratificaciones excepcionales.
Los primeros sueldos propuestos por Verboom
fueron establecidos entre 1710 et 1711 (2) . Eran más elevados
que en la artillería (3) gracias al poder de Verboom, pero
también a la gran necesidad de técnicos militares. En
1724, se fijó la legislación de los sueldos y raciones.
La Real orden del 30 de junio de 1739 restringió la atribución
de las raciones de los ingenieros sólo a los desplazamientos
durante las campañas militares (4). Ese mismo año los
ingenieros directores perdieron una subvención de 300 reales
para pagar un dibujante.
Como puede observarse en el cuadro 1, entre 1724 y 1765 los sueldos
no aumentaron, salvo para los grados y empleos superiores a ingeniero
ordinario. La progresión de las sumas fue de 200 a 500 reales
mensuales para los grados superiores a capitán, pero no hubo
ningún cambio para los puestos inferiores. Para un ingeniero
con el grado de mariscal de campo e ingeniero director, se añadían
a su sueldo 400 reales de vellón por mes, dado su elevada posición
en la jerarquía militar. El poder, con todo conocimiento de
causa, no revisaba el montante de los sueldos, pudiéndose constatar
una gran estabilidad en el tiempo. Sondeos hechos en los años
1779 y 1790 muestran que no hubo ninguna modificación.
| Cuadro
1. Evolución de los sueldos y de las raciones de 1724
a 1765. |
| Empleos
y grados (equivalencia de 1756) |
1724
sueldos y raciones por mes en reales de vellón
|
1756
sueldos por mes únicamente
|
1765
sueldos por mes
|
| Ing.director
/ brigadier o coronel |
1600
8/8 |
1900 |
2100 |
| Ing.jefe
/ coronel o teniente coronel |
1300
6/6 |
1300 |
1600 |
| Ing.segundo/tte.coronel
o capitán |
1000
4/6 |
1000 |
1200 |
| Ordinario/Capitán |
650
2/2 |
650 |
650 |
| Extraordinario
/ Teniente |
450
2/2 |
450 |
450 |
| Ayudante
de ingeniero/subteniente |
No
existe |
300 |
300 |
| Fuentes:
Sueldos y raciones que en el año de 1724 tenía
S. M. señalados a los ingenieros. José Antonio
Portugués, Tomo VI, pág. 796. Real decreto del
19/10/1756 y Real resolución de 1765, AGS GM 2998. |
Los
sueldos no eran equivalentes según las armas y esas diferencias
irritaban. El ingeniero Felipe Crame hacía esta observación
a sus superiores a mediados de 1750 y constataba que los oficiales
de caballería desde el grado de capitán recibían
un sueldo de 1000 reales mensuales y de 2000 reales cuando llegaban
al grado de coronel; los coroneles de infantería tenían
también a un sueldo de 2000 reales, mientras que los coroneles
de ingenieros no recibían más de 1300 reales (5) . Más
allá de la comparación de los sueldos, hacía
ver que los ingenieros en campaña no se beneficiaban jamás
de reposo, contrariamente a las otras armas. Tampoco se les retribuía
con una gratificación particular, mientras que los oficiales
de la tropa que servían excepcionalmente como ingenieros voluntarios
durante los sitios, recibían una retribución de 300
reales por mes, además de sus sueldos. Felipe Crame insistía
también en los gastos suplementarios ligados al empleo de ingeniero:
compra de libros y gastos de desplazamiento para asumir las funciones
que les eran atribuidas en tiempo de paz. Para terminar, constataba
con amargura las pocas posibilidades de promoción en el escalafón
de las funciones militares.
Las quejas de este ingeniero pueden relacionarse con las de las esposas,
que hablaban de la precariedad de sus situaciones financieras. A veces
se puede pensar que dramatizan para poder hacerse oír. Sin
embargo, lo cierto es que las quejas eran numerosas y debían
corresponder a la realidad. La fijación de los sueldos no impedía
al poder ser consciente de la limitación de los mismos. Por
esta razón, el poder estableció para los casamientos
reglas de orden social y financieras. El casamiento no era estimulado
en el círculo de los grados subalternos por muchas razones,
como por ejemplo la preeminencia del servicio sobre la vida privada,
o a causa de la precariedad de los sueldos de estos militares, que
les imposibilitaba mantener una familia. Esto hace que la dote de
la esposa representara una especie de seguro para la pareja, una garantía
de su porvenir. Fundar una familia tenía que hacerse con conocimiento
de causa; la esposa debía saber administrar una situación
financiera y familiar precaria y, eventualmente, bastarse por sí
misma. La dote continuaba siendo siempre propiedad de la esposa, que
sólo la utilizaba en casos concretos: preparar el ajuar de
una hija, o asegurarse su propia vejez en solitario y, más
raramente, comprar un bien en común o hacer frente a gastos
excepcionales de la pareja (6). A veces los esposos se veían
obligados, debido a sus desplazamientos, a dejar a una parte de la
familia los medios con los que hacer frente a sus necesidades. Por
ejemplo, Antonio de Murga (7), cuando partió hacia Guatemala
en 1765, pidió que se dejara a su esposa y a sus hijos (o a
su madre, si su mujer falta) 40 pesos de 15 reales de vellón
por mes, o sea 600 reales que correspondían a la mitad de su
sueldo. Esta costumbre de dejar sumas de dinero no concernía
solamente a las esposas. Antonio Leyba (8), al marchar en 1768 hacia
La Habana, pidió que se enviara a su madre Josefa Vizcaigaña,
viuda de coronel, 96 pesos por año, o sea 1400 reales. Su madre
cobraba una pensión insuficiente del Monte de Piedad. Puede
parecernos paradójico que, a pesar de la precariedad de ciertas
situaciones, los ingenieros fueran autorizados a dejar de este modo
una parte importante de sus sueldos.
Otro problema para los ingenieros era tener un empleador que pagaba
a menudo con atraso. A lo largo de todo el siglo XVIII esto ha sido
objeto de tensiones y protestas. Así, Miguel Marín Truq
estipulaba en su testamento (9) , redactado en 1752, que se le debían
57.839 reales, o sea el sueldo que va del primero de abril de 1739
al 9 de julio de 1746. Este mismo ingeniero señalaba que en
1758 había tenido que pagar él mismo todos los gastos
correspondientes a sus diferentes misiones, inclusive la visita de
las plazas de los Pirineos (10). Espera recibir la suma de 59.401
reales de vellón de salarios impagados. El atraso en el pago
de los sueldos obligaba a los ingenieros a contraer deudas (11). Es
indiscutible que las dificultades financieras de los ingenieros estaban
ligadas a sus numerosos desplazamientos y a la compra de material.
Estos gastos obligaban a veces a los ingenieros a cometer ciertos
excesos. Por ejemplo, en 1737 Marc-Antoine Eydoux (12) se negó
a desplazarse de La Coruña a Tuy, dado que le faltaba el dinero
para el viaje. Fue suspendido y arrestado en mayo de 1737 y reintegrado
a su cargo un mes y medio más tarde. En agosto de 1739, Juan
de Zahoras (13) se encontraba en la misma situación que Eydoux.
Fue suspendido y luego reintegrado con subsidios para hacer frente
a sus obligaciones. Algunos ingenieros menos escrupulosos cayeron
en la delincuencia (14) o se otorgaron sumas de dinero destinadas
a otros. Francisco Ibáñez (15) fue acusado en 1733 de
robo en las cajas reservadas para la ayuda de las viudas y de malversación
de los sueldos de los ingenieros. Según Verboom,
utilizó este dinero para gastos superfluos y se dio a la fuga.
En su defensa, este ingeniero dijo que se había marchado a
Portugal en buscar de dinero para rembolsar su deuda. Después
se perdió todo rastro de él en el cuerpo de ingenieros.
Otra remuneración de los ingenieros la constituían las
gratificaciones. Eran una ayuda a los militares para misiones particulares.
Por ejemplo, un ingeniero en jefe que asumía también
la función de comandante de una provincia recibía 300
reales de gratificación, según la Real orden del 22
de marzo de 1751. Esta medida fue suprimida en 1765, quizás
porque se deseaba que los puestos de mando en las provincias fuesen
atribuidos a los ingenieros directores. Sin embargo, parece que estas
gratificaciones subsistían para los ingenieros que asumían
los puestos de mando en América o en Canarias. Josef
García Martinez de Cáceres, ingeniero segundo y
comandante de la plaza de Buenos Aires en 1788, reclamaba una gratificación
de 375 reales mensuales. Afirmaba no haber disfrutado nunca de descanso
y en cambio tener muchas obligaciones que reducían su sueldo
(16). Fausto Caballero, ingeniero segundo en 1787, recibía
600 reales por mes a partir de su embarque para poder asumir sus gastos
extraordinarios en su puesto de mando en Canarias (17).
Otra ayuda del Estado eran las raciones de pan, de paja y de cebada,
o en dinero. Estas raciones eran importantes ya que permitían
la manutención del caballo y, eventualmente, la del criado.
En 1739, la ley definía la atribución de pan y cebada
únicamente a los ingenieros en campaña militar. En 1768,
en el título II de las ordenanzas del cuerpo de ingenieros,
se recordó que los sueldos habían sido fijados previamente.
Para las raciones de pan, paja y cebada, los casos de distribución
son: campañas militares, comisiones extraordinarias (reconocimiento
de provincias, de fronteras, de plazas, dirección de canales,
de caminos, y levantamiento de planos). Más adelante vemos
raciones definidas en dinero, atribuidas a los ingenieros por comisiones
particulares (18). Felipe Paz pidió en 1799 el pago de sus
raciones puesto que tenía que efectuar la visita de las plazas
de Tuy, Orense y Santiago. Para ello, tuvo que comprar un caballo,
contratar a un joven palafrenero y alojarse en diferentes mesones.
Sus gastos (28 reales por día) debían cubrirse mediante
la paga de sus gratificaciones. En 1784, las raciones estaban evaluadas
en 22 maravedíes por el pan y 22 reales por la fanega de cebada.
Estas cifras fueron citadas por Felipe Paz en su petición,
en la que también incorpora la compra de una silla de montar.
Gratificaciones y raciones fueron suplementos salariales importantes
que mejoraron la situación financiera de dichos ingenieros.
Pero muchas veces los ingenieros debían adelantar estas sumas.
Los cambios de destino obligaban a pagar muchos gastos de desplazamiento
en España. Seguramente, las indemnizaciones estaban previstas
para el costo del viaje y la instalación en los nuevos destinos
fuera de la Península. Los ingenieros estaban considerados
como los otros oficiales. Según la Real Orden del 21 de junio
de 1768 y el artículo V del título VIII de las ordenanzas
generales del ejército, los oficiales recibían dos pagas
para evitar las cesaciones de sueldos y las indemnizaciones para el
viaje. Las sumas atribuidas dependían del lugar de salida (puerto
de la península o de las Canarias). La esposa y los hijos podían
ser beneficiarios de 7 reales por día por cada uno; para el
criado son 3 reales por día. Según el artículo
III del título VIII de las ordenanzas generales del ejército
de 1768, un capitán que sale de la Península para ir
a Vera Cruz recibía 4.270 reales, distribuidos de la manera
siguiente: 1.000 reales a cuenta de su sueldo, 3.000 reales para el
viaje y 270 reales para el criado. A su llegada, el capitán
recibía la mitad de su sueldo por día de navegación.
Para los ingenieros nombrados en Canarias, se recomendaba tomar un
navío de guerra o de correos para el viaje. El ingeniero que
no respetaba esta consigna se exponía a no recibir gastos de
viaje. Es lo que le ocurrió a Fausto Caballero, que viajó
en un barco mercante y pagó de su propio bolsillo 7.500 reales
por él y su familia. Su petición no fue tomada en consideración.
Es cierto que las indemnizaciones permitían pagar una parte
de los gastos, pero no la totalidad. Sobre todo, éstas no cubrían
los accidentes de viaje, como el robo de equipaje o el hundimiento
del barco con todo el bagaje. Esto significaba para los ingenieros
tener que pagar de todas formas una parte de los gastos.
La precariedad financiera de estos hombres corresponde a la del medio
militar, aunque las gratificaciones parezcan superiores en el cuerpo
de ingeniería. Las quejas de los ingenieros no se referían
solamente a los atrasos de los sueldos sino, a veces, a la obligación
de pagar gastos ligados a su función, como desplazamientos,
alojamientos, provisiones o instrumentos... Se puede completar estos
ejemplos con los que ofrece Horacio Capel (19).
Frente a esta situación, podemos plantearnos algunas preguntas.
¿Un ingeniero podía o no aumentar sus ingresos en el
ámbito civil (20)? ¿Estos hombres que participaban en
muchas obras de construcción y anexos no eran tentados por
las importantes sumas de dinero que pasan por sus manos? ¿Dichos
especialistas, requeridos para numerosos trabajos, no eran solicitados
por ciertos maestros de obra para que otorgaran diferentes contratos
a cambio de algunos subsidios? Estas preguntas nos las ha sugerido
la lectura del testamento de Pedro Martín Cermeño. Este
ingeniero murió con el grado de teniente general y capitán
general de Galicia. Hizo toda su carrera en el cuerpo de ingenieros,
como su padre. Se declaró servidor del Rey, pero se vio obligado
a precisar un cierto número de puntos concernientes a su fortuna
y sus bienes. Primero, señala que sus diferentes empleos no
le permitieron ahorrar; por lo tanto sus bienes provenían de
su padre que fue ingeniero general. Luego precisa que no recurrió
a malos expedientes para aumentar sus ganancias, en estos términos:
"También
declaro no deber ni ser responsable, al Rey mi señor, de cantidad
alguna ni por vía de restitución, aunque he manejado
muchos caudales de Su Majestad, ni tampoco al público ni particulares
por perjuicios voluntarios en mí, ni por adehalas o aprovechamientos
que llaman gages, porque, gracias a Dios no he usado nunca de ellos...”
(21).
Estas
pocas líneas hacen suponer que algunos han podido sustraer
sumas de dinero de los presupuestos a su cargo. O podemos preguntarnos
si no existía la práctica del soborno para obtener contratos.
Para responder a estas cuestiones sería necesario encontrar
datos precisos sobre estos puntos, es decir poder evaluar la fortuna
del ingeniero al principio de su carrera y al final. Sin embargo,
es un hecho probado que ciertos ingenieros pudieron extraer ciertas
sumas de dinero para realizar inversiones personales, que el estatuto
de ingeniero director era un puesto envidiado, que las quejas de estos
hombres y de sus esposas pueden corresponder a la actitud relacionada
con la costumbre de protestar más que a verdaderas situaciones
dramáticas.
2)
Rentabilizar las ganancias
Ciertos ingenieros
buscaban a veces hacer fructificar sus ganancias o proteger la fortuna
que pudieron adquirir. Existen dos maneras para hacerlo : la del hombre
emprendedor que se lanza a las inversiones típicas de la época,
como las compañías comerciales, o la del ingeniero que
busca simplemente proteger el patrimonio adquirido, reproduciendo
el esquema de las clases altas tradicionales, mediante la institución
del mayorazgo.
Tenemos el ejemplo de Carlos Lemaur, llegado a España en 1750
después de haber negociado su salida de París con Francisco
Pignatelli, embajador de España. Le fueron pagados sus gastos
de viaje, así como sus deudas en París. A petición
del marqués de la Ensenada, se ocupó de los canales
en Castilla. De 1750 a 1781, ascendió todos los grados de la
jerarquía hasta llegar a ingeniero director. Participó
en numerosos trabajos, entre ellos diferentes proyectos y trazados
de canales (22). En 1776, sirvió de árbitro entre dos
grupos de promotores que deseaban obtener una concesión para
la excavación del llamado canal de Tortosa. Debió vender
sus servicios al Estado como lo había hecho en el momento de
su llegada al país. Esto no era nada extraño, ya que
España era muy aficionada a la canalofilia y a los técnicos
franceses. Estas actividades lo llevaron a frecuentar el mundo de
las más altas finanzas. Decidió emprender proyectos
financieros para rentabilizar su capital, creando en 1778, con otras
personas, la compañía del canal de Andalucía.
Esta compañía no encontró la financiación
suficiente y fracasó (23). Pero las inversiones de este ingeniero
no se detuvieron ahí y también invirtieron sus hijos.
Los proyectos para el canal de Guadarrama fueron realizados por la
familia Lemaur, aunque el padre murió antes del comienzo de
los trabajos. Parece que los ingenieros se beneficiaron de acciones
del Banco de San Carlos, el promotor. En efecto, en el expediente
de su hijo Carlos, también ingeniero, podemos encontrar la
división en cuatro partes de 50 acciones del canal de Guadarrama,
cada una evaluada en 25000 reales (24). Visiblemente, los hijos, como
hizo su padre, buscaron participar en el desarrollo económico
del país y así obtener beneficios. La situación
financiera de Carlos Lemaur (padre) se degradó ligeramente.
En 1775 cuando murió intestado, fue enterrado en la parroquia
militar de San Martín, en Madrid. Hemos buscado el inventario
de sus bienes y su evaluación según los expedientes
relativos a su pensión. No hemos encontrado este inventario,
pero sí la petición de pensión de la viuda, en
la que queda dicho: “inventario y tasación de los pocos
muebles que ha dejado”. Además, la viuda, Juana de Lamurere,
decía estar en una situación de extrema pobreza, asegurando
que no había podido disponer de dinero para pagar los gastos
de los funerales de su esposo, aprovechando la misma petición
para solicitar que sus dos hijos menores, Félix y Francisco,
fueran integrados en el cuerpo de ingenieros. La demanda le fue satisfecha,
recibiendo su pensión y entrando sus dos hijos en el cuerpo
de ingenieros al que ya pertenecían los dos mayores (25). ¿Se
encontraba realmente en la más extrema precariedad o necesitaba
colocar a sus hijos? Con frecuencia se empleaban en las peticiones
las nociones de pobreza y miseria, pero no siempre se correspondían
con la realidad.
Volvamos a las inversiones de los ingenieros. François Boizot,
francés, ingeniero de puentes y caminos, vino a España
para efectuar el reconocimiento del terreno y hacer los planos del
canal de Murcia en 1776. Se le dio un empleo de ingeniero militar
en 1777. Además, recibió el centésimo de los
capitales de la compañía (26). Encontramos en ciertos
testamentos la mención de fondos gestionados por una compañía
comercial o un agente de comercio. Por ejemplo, según su testamento
Pedro de Lucuce (27) invirtió 8.400 reales en la Compañía
real o de comercio de Barcelona. Estos fondos le dejaron un beneficio
de 5.040 reales o sea el 3 por ciento de interés anual y beneficios
también de 140.000 reales de renta sobre los tabacos. Miguel
Juárez Sandoval ( 28) poseía varias cartas de comercio
por 145.800 reales que le dejaban un interés de 7.350 reales
por año. Estos dos ingenieros lograron así hacer fructificar
sus capitales de manera más rentable que por medio de las compañías
de canales que no podían desarrollarse. Por supuesto, estos
ingenieros no eran de poca graduación. Pedro Lucuce era uno
de los directores más conocidos de la Academia de Matemáticas
de Barcelona y terminó su carrera como teniente general. Miguel
Juárez Sandoval era brigadier e ingeniero jefe en el momento
de su muerte. Agustín de Herrera y Abendano (29), coronel e
ingeniero jefe, declaró poseer ocho acciones del Banco de San
Carlos, de las cuales seis le venían de su difunta mujer. Cada
acción tenía un valor de 2.000 reales. Agustín
de Herrera y Abendano es el último ejemplo de un ingeniero
de alto rango que invierte en las empresas financieras de la época.
Este hombre poseía también bienes inmuebles heredados
de sus padres. Tenía una fortuna basada en diferentes rentas.
Pedro Martín Cermeño eligió otra vía para
sus bienes, insistiendo en su testamento sobre la importancia de la
conservación de la memoria y el patrimonio familiar. Esta actitud
se ve corroborada por su manera de constituir un mayorazgo (30) para
su hijo Santiago. Ese mayorazgo se componía de los bienes siguientes:
una casa y un jardín en Melilla con dos sepulturas, herencia
de su madre; una casa en Barcelona que viene de su padre, que deja
un alquiler de 9.500 reales por año; una finca con una forja
cerca de Bergantiños; otra casa y sus dependencias próxima
de La Coruña, en un sitio llamado La Braña de Monelos,
comprada por él junto con las tierras adyacentes y algunas
más de los alrededores. En la Braña de Monelos se hizo
construir una capilla para ser enterrado. Este sitio se convirtió
el lugar de arraigo de la familia. Sin embargo, se puede constatar
la dispersión de los bienes incluidos en el mayorazgo, lo cual
es sinónimo de las peregrinaciones de este hombre y de su padre,
al ser los dos ingenieros. Esta voluntad de fundar una dinastía
los acerca a la actitud de la nobleza a la cual pertenece su mujer,
María del Carmen Cisneros y Ulloa, hija del conde de Gimonde.
Pedro Martín Cermeño es el símbolo de la ascensión
social de una familia, que ganó su posición social al
servicio del rey. Por otro, lado señalaba en su testamento:
“La [memoria] de mis padres y mis abuelos que al servicio de
su Rey y señor y con la espada en la mano adquirieron parte
de los bienes que yo poseo”.
Francisco Sabatini, un ingeniero fuera de lo común, construyó
su fortuna con inversiones en España y Europa pero también
eligió la fundación de mayorazgos para poder dejar a
sus hijas una parte de sus bienes. En su testamento (31), escribió
sobre la importancia de ese proceder:
“[...] en cuanto las familias y para que la memoria de las personas
ilustres se conserven y se perpetúen, teniendo fondos para
alimentarse con la decencia correspondiente a su distinguida calidad
y nacimiento... (y a fin) que se conserve y perpetue (mi familia),
obtuve de SM reinante, el Rey Carlos IV, real facultad, en veinte
y cinco de enero de mil setecientos noventa y uno, para fundar dos
mayorazgos...”.
Estos dos mayorazgos fueron atribuidos a Mariana, primera hija y esposa
de Géronimo La Grua, brigadier de caballería, ministro
plenipotenciario y enviado extraordinario de Su Majestad a Génova,
y a María Teresa, segunda hija y esposa de Antonio de Zayas,
marqués del mismo nombre, comandante de la Orden de Santiago
y coronel. Los bienes que componían este mayorazgo estaban
basados en los capitales invertidos por Sabatini en Europa (32). La
suma total de las inversiones llegaba a 437.710 reales. La primera
hija obtuvo las tres quintas partes de esta suma y la segunda el resto.
A su muerte, Francisco Sabatini era un hombre muy rico y próximo
al poder. Su actuación con respecto a sus bienes era al mismo
tiempo la de un hombre informado sobre las prácticas financieras
de su época, y la de un hombre que quiere dejar un recuerdo
de su paso utilizando el tradicional sistema del mayorazgo. Sabatini
representa una síntesis de la sociedad de su tiempo. Progresista
y vinculado al movimiento de las Luces, pero también deseoso
de integrarse en las elites de la nobleza, cuyos criterios utilizaba.
El Rey buscaba servidores fieles como los Martín Cermeño,
que le debían todo, “disponibles” a voluntad y
por lo tanto sin ningún arraigo local. Pero estos fieles servidores
aspiraban a una verdadera ascensión social y al arraigo correspondiente.
B)Los
inventarios de bienes como reflejo de las condiciones materiales de
vida.
Los inventarios
de bienes eran levantados en presencia de los ejecutores testamentarios
por las autoridades militares. Esta instrucción estaba ligada
a la función de la persona que se beneficiaba del fuero militar
y permitía poner en manos de la justicia todos los documentos
que atañían a las tareas militares.
Estos inventarios de bienes se presentan bajo la forma siguiente:
una lista de vestidos, ropa de casa, mobiliario, vajilla, joyas, cantidad
y peso de los objetos de plata, pinturas, libros, monedas, dinero
y los documentos profesionales. Muy raramente se establecían
inventarios de los bienes inmobiliarios poseídos por el difunto
(33). Es cierto que la mayoría de los ingenieros no pertenecían
a la alta nobleza. No poseían bienes inmuebles salvo al término
de su carrera. Algunas veces los bienes muebles fueron tasados para
ser vendidos en subasta o porque era necesaria una división
por herencia. Para efectuar esas evaluaciones, el ejército
recurría a especialistas pero no se tasaban todos los bienes
citados. No sólo dejaban de lado los bienes inmuebles, sino
también otros bienes que no figuran pero que sabemos por otras
fuentes que existían. Por ejemplo, el inventario de bienes
de Juan Martín Cermeño conservado en Segovia no menciona
la biblioteca del ingeniero. Gracias al testamento de su hijo, sabemos
que poseía ciertos libros de valor, como una edición
rara llamada Herculaneo sobre los descubrimientos arqueológicos
de Herculano, con láminas poco comunes, libro ofrecido por
el Rey a Juan Martín Cermeño. Su hijo quería
hacerlo imprimir y difundir.
Es necesario señalar que las observaciones hechas sobre los
inventarios de bienes no pueden ser más que jalones para un
estudio en profundidad, a causa del escaso número de inventarios
y, por otro lado, las categorías de los ingenieros concernidos.
Sólo poseemos 17 inventarios, de los cuales 6 no están
evaluados, sobre los 11 tasados, 6 no engloban la totalidad de los
bienes del difunto**. Las 17 personas de las cuales hemos podido esbozar
las condiciones de vida, pertenecen todas a categorías sociales
diferentes, con un punto en común: el hecho de haber sido ingenieros.
| Cuadro
2: Presentación de los inventarios de bienes y de sus
evaluaciones |
| Apellidos
/ fuentes |
Grados
/ empleos /año de muerte |
Bienes
evaluados en reales |
| AEDO
ESPINA Clemente
AGMS 9ª A 27
|
Capitán/
ingeniero ordinario .Caballero de la orden de Santiago. Muere
en 1787 |
Evaluación
parcial : 97100 reales |
| AILMER,
Ricardo
AGMS 9ª A 50
|
Brigadier
/ ingeniero director .Muere en 1788 |
Inventario
de bienes en Barcelona pero no del lugar de residencia de su
familia. Total : 12810 reales |
| AMICI
Gerónimo
AGMS 9ª A 152
|
Brigadier
/ ingeniero director retirado
Muere en 1764
|
Bienes
4173 reales. Deudas 7757 reales |
| CUBERO,
Cristóbal
AGMS 9ª C 240
|
Teniente
coronel /ingeniero en segundo, muere en 1755 |
Pequeño
inventario sin evaluación |
| HERMOSILLA
Y SANDOVAL,Josef
AGMS 9ª E 35
|
Capitán
/ ingeniero ordinario. Director de la Real Academia de San Fernando
en Madrid. Muere en 1776 |
Evaluación
parcial de los bienes a 77160 reales. |
| JUAREZ
SANDOVAL, Miguel
AGMS 9ª J 154
|
Brigadier/ingeniero
en jefe. Muere en 1792 |
Bienes
evaluados en 219 955 reales |
| LOPEZ
MERCADER, Fernando
AGMS 9ª L 81
|
Capitán
/ ingeniero ordinario. Muere en 1785 |
Pocos
bienes, ninguna evaluación |
| LUCUCE,
Pedro
AGMS 9ª L 143
|
Teniente
general / director de las academias militares. Muere en 1779 |
Inventario
completo por 261 831 reales |
| MARIN
TRUQ, Miguel
AGMS 9ª M 52
|
Mariscal
de campo/ ingeniero director
Muere en 1764
|
Bienes
evaluados en 47 451 reales de los cuales hay 13 107 reales de
sueldos de retraso |
| MARTIN
CERMEÑO, Juan
AGMS 9ª M 79
|
Teniente
General/ ingeniero general.Muere en 1773 |
Ninguna
evaluación |
| MARTIN
CERMEÑO, Pedro
AGMS 9ª N 43
|
Capitán
general de Galicia / teniente general. Muere en 1790 |
Bienes
parcialmente evaluados en 112 896 reales |
| NUÑEZ
DEL PINO, Manuel
AGMS 9ª N 43
|
Capitán
/ ingeniero ordinario retirado, regidor de Almería. Muerte
en 1803 |
Bienes
personales e inmobiliarios evaluados a 290 782 reales |
| PARFONDRI,
Diego
AGMS 9ª P 36
|
Teniente
coronel/ ingeniero ordinario retirado. Muere en 1773 |
Ninguna
evaluación |
| PERELLO,
Juan Antonio
AGMS 9ª P 83
|
Coronel/
ingeniero en segundo
Muerte en 1792
|
Bienes
evaluados a 12 348 reales, definido como pobre |
| RONCALI,
Miguel
AGMS 9ª R 200
|
Brigadier/ingeniero
director. Muere en 1794 |
Ninguna
evaluación |
| SABATINI,
Francisco
AGMS 9ª S1
|
Teniente
general/ inspector general del cuerpo. Muere en 1797 |
Bienes
evaluados : en su casa 242 358 reales; en capitales 2 437 710
reales |
| SALIQUET
Y NEGRETE, Carlos
AGMS 9ª S 30
|
Teniente
coronel / ingeniero en segundo. Muere en 1777 |
Ninguna
evaluación |
Este
cuadro 2 pone en evidencia la gran diversidad de situaciones. En nuestra
lista de ingenieros existen algunos que terminaron su carrera en el
cuerpo y otros fuera de él. Los inventarios atañen a
personajes de excepción, como Pedro Lucuce, Juan Martín
Cermeño o su hijo Pedro, y Francisco Sabatini.
Su situación en la jerarquía les permitió tener
un nivel de vida que se acercaba al de la aristocracia y ocupar funciones
cercanas al poder. En consecuencia se veían en la obligación
de mantener su rango y el nivel de sus fortunas les permitía
formar parte de la elite. Seguían siendo ingenieros, pero su
estilo de vida de algunos ya no tenía nada en común
con el de sus subalternos.
Cuando un ingeniero se salía de los límites de su función
y era nombrado regidor, como Manuel Núñez del Pino,
estaba lejos de su vocación primera y de sus diferentes destinos.
Había acumulado bienes y arraigado a nivel local. Entre otros
ingenieros podemos constatar una fuerte disparidad, por ejemplo entre
Miguel Juárez Sandoval, fallecido con el grado de ingeniero
jefe, y Gerónimo Amici, ingeniero director retirado, cuyas
deudas no puede pagar su sucesión**. Esta diferencia seguramente
se puede explicar por su diferente fortuna personal, pero no tenemos
pruebas documentales de ello.
Margarita Gil Muñoz (34)encuentra diferencias importantes entre
los niveles de vida de los oficiales de fin de siglo. Tenientes generales
como Joaquín Manuel de Villena, marqués del Real Tesoro,
cuyos bienes sobrepasan la suma de dos millones de reales, mientras
que los de otros, como el marqués de Ceballos, teniente general,
llegan solamente a 146.511 reales. Las mismas diferencias han sido
constatadas entre los capitanes cuyos inventarios de bienes oscilan
entre más de 140.000 reales para algunos y 3.970 para otros.
¿Cómo explicar eso? Algunos viven solamente de sus sueldos
y otros poseen bienes familiares. Máximo García Hernández
(35) estudió los patrimonios en Castilla bajo el Antiguo Régimen
y constató que en los inventarios de bienes de la nobleza de
Valladolid el valor del dinero y los capitales invertidos representan
generalmente más del 50 por ciento. Segunda observación:
la nobleza se diferencia por un inventario donde la presencia de objetos
suntuarios, de un gran número de muebles de recepción,
de carrozas y libros es una constante. En los ejemplos que señala
nos encontramos con niveles de fortuna equivalentes a los de ciertos
ingenieros: el inventario de un marqués como el de Aguila Fuente,
don Manuel de Zúñiga, equivale a 104.806 reales y la
fortuna de un juez de la Cancillería y del Consejo de Indias,
Diego Caraza y Vega, está estimada en 625.184 reales. Por lo
tanto, vemos que ciertos ingenieros tienen un nivel y estilo de vida
que corresponde a los de las elites. Los indicios de esta pertenencia
son numerosos.
En el inventario de Juan Martín Cermeño, el mobiliario
es muy numeroso. Comprende armarios, varias camas, mesas y sillas,
canapés, espejos. De las paredes, cuelgan pinturas religiosas
y estampas (36), tapicerías y sobre el suelo o en las paredes
seis pieles de tigre grandes y dos pequeñas. Este ingeniero
podía recibir lujosamente puesto que poseía diversos
juegos de vajilla, una de porcelana de China de más de 150
piezas (platos, fuentes y servicios de café...) y otras de
loza. La ropa** de la casa estaba a la altura de los posibles numerosos
invitados. Para poner la mesa, la vajilla estaba acompañada
de un servicio compuesto de 36 cubiertos de plata con sus candelabros.
El café o el té eran servidos en un servicio de plata.
En la cocina, podía hacer preparar numerosos y variados platos
(poseía un conjunto de 18 cacerolas, diferentes asadores, chocolateras
y cafetera...) por el cocinero francés Domingo Bux. Un servicio
doméstico importante servía al ingeniero general: aparte
del cocinero francés (muy de moda en aquel momento), un mayordomo,
un ayuda de cámara y varios criados (dos o tres), dos cocheros
y dos esclavos. El inventario, al ser incompleto, no permite mencionar
ni la biblioteca ni las joyas. El hijo de Juan Martín Cermeño,
Pedro, poseía bienes inmobiliarios no inventariados de los
cuales ya hemos hablado. Los inventarios de sus bienes impresionan,
pese a que fueran menores que los de Francisco Sabatini. Podemos suponer
que una parte de estos bienes le venían de su padre. Tenía
un servicio doméstico compuesta de un mayordomo (un antiguo
ayuda de cámara de su padre), sirvientes, seguramente un cocinero
y cocheros. Daba 7.000 reales por mes a su mayordomo para la gestión
de los gastos de la casa. En diciembre de 1790 gastó 3.991
reales. Estos gastos eran muy importantes. Poseía por lo menos
dos carruajes, una berlina para su mujer y un coche para él,
tirado por seis mulas, estimado en 4.000 reales. El inventario de
sus vestidos está compuesto por los uniformes relacionados
con sus funciones (ingeniero, teniente general) y también por
numerosas camisas, medias de seda, abrigos, casacas de terciopelo
y muchas otras cosas. Tenía vajilla y platería en cantidad.
Su función le obligaba a recibir muy asiduamente con mucho
lujo. Poseía también servicios de porcelana de China,
loza inglesa y de Talavera, diferentes piezas de cerámica que
venían del conde de Aranda, vasos de cristal de Bohemia. El
interior de su casa estaba decorado con mobiliario abundante y variado
(cómodas, arañas de cristal, camas, muebles de salón,
mesas, sillas..., alfombras y una gran cantidad de cuadros). Había
pinturas (37) de tema religioso, pero también de tema mitológico,
político, militar (reproducción de cañones, de
batallas...) y de familia (retrato de su padre). Guardaba también
numerosos planos y mapas como el de Madrid o de Galicia. El amor filial
de Pedro lo llevó a recuperar y pagar el busto en mármol
de su padre que éste había pedido al escultor Michel
(38). Era un coleccionista de obras de arte y un hombre de cultura,
su biblioteca estaba bien surtida. Encontramos las obras clásicas
de su profesión pero también libros sobre los palacios
italianos, las excavaciones arqueológicas de Herculano, la
pintura inglesa y obras literarias antiguas (39). El pasado profesional
de Pedro Martín Cermeño se revela no solamente a través
de sus lecturas, sino también por la posesión de una
cantidad importante de instrumentos de matemáticas y de armas
(sables, espadas, pistolas y fusiles). Las joyas no han sido estimadas,
pero él hizo donación a su primo de un broche de diamantes
de las órdenes militares.
Pedro Martín Cermeño era capitán general, por
lo tanto un hombre importante en Galicia. Su familia y su padre fueron
personajes muy cercanos al rey. Estos dos hombres fueron ingenieros
fuera de lo común, lo mismo que Pedro Lucuce y Francisco Sabatini,
cuyos inventarios no retomaremos aquí. Lo que nos interesa
ahora es ver si, utilizando los inventarios de los ingenieros que
continuaron en la función, podemos reconstituir el modelo de
vida de un ingeniero.
El ingeniero Clemente Aedo Espina falleció en 1786 en Barcelona
con el grado de capitán e ingeniero ordinario. Poseemos un
inventario de sus bienes, que no está evaluado en su totalidad,
pero que nos interesa por varias razones. Muestra que este hombre
recibía otros ingresos además de su sueldo (podemos
suponer que provienen de bienes de familia). Este ingeniero parecía
ser un coleccionista de estuches, particularmente de tabaqueras de
todo tipo, decoradas a mano y de un gran valor estético. Poseía
también una colección de dibujos enmarcados de trajes
regionales españoles, así como una vestimenta de gitano
en terciopelo. Parece que se interesaba por el repertorio tradicional
regional de su país. Los planos de Narbona y Tolosa decoraban
las paredes de su casa. Poseía numerosas joyas con diamantes,
topacios, perlas, y también siete relojes (40). El guardarropa
es importante ya que contaba con varios sombreros y pelucas. Su mobiliario
no era muy numeroso pues era soltero e inquilino en una casa donde
hizo diversos arreglos. Poseía un birlocho de dos caballos.
Para mejorar estos coches, tenía una imperial y un resguardo
para el cochero. La vajilla no era abundante: algunos cubiertos de
plata, platos en porcelana, la cafetera y la chocolatera forman parte
del inventario, lo que corresponde a la moda de su época. Para
mantener estos coches y su interior empleaba a un criado, un palafrenero
y un cochero. Entre sus bienes encontramos uniformes de ingeniero,
instrumentos de matemáticas (41) y una biblioteca científica.
La subasta de algunos de sus bienes dejó la suma de 67.100
reales y permitió pagar sus deudas. Entre los compradores,
se encontraban algunos ingenieros (42) que adquirieron los uniformes,
los libros e instrumentos de matemáticas a menor costo. A este
ingeniero, que tenía diferentes centros de interés y
una vida lujosa, podemos oponer el inventario del ingeniero director
Miguel Marín Truq, fallecido en Madrid en 1765, casado y con
cinco hijos. El mobiliario era numeroso e incluía ciertos elementos
de lujo, cuatro piezas de tela teñidas para los muros, arañas
de cristal, candelabros y espejos. Algunos cuadros decoraban sus paredes,
entre ellos un retrato del rey y cuadros religiosos (43). Una colección
de objetos de vidrio (animales esencialmente) estaba expuesta en una
vitrina. Los libros científicos figuraban también en
el inventario. Un coche cerrado de cuatro plazas y un par de mulas
fueron valorados en 3.800 reales. Existe también un inventario
de la platería; sobre los 34 434 reales de la totalidad de
sus bienes, los ropajes de hombre representan el 17,9 por ciento y
los de las mujeres más los elementos de decoración en
telas y los tapices, suman el 26,9 por ciento. Los libros equivalen
al 6,35 por ciento mientras que los coches se estiman en un 7,2 por
ciento. Este ingeniero llegó a la cúspide de su carrera.
Pese a su pertenencia a la clase media, su calidad de vida reproduce
el modelo de la gran nobleza.
Pero si tomamos dos ejemplos de ingeniero jefe, uno Cristóbal
Cubero (44), fallecido en 1755, y el otro Juan Antonio Perello, fallecido
en 1792, descubrimos dos mundos totalmente diferentes de los precedentes,
e inventarios muy modestos. El de Cubero no ha sido evaluado, pero
vemos enseguida el número limitado de sus bienes. Dos cofres
contienen sus vestidos y la ropa de casa. Naturalmente, el uniforme
de ingeniero y la espada figuran en el inventario. El mobiliario se
compone de cinco mesas, seis sillas, cuatro espejos de tamaño
mediano y seis banquetas y posee solamente dos cubiertos de plata.
Este ingeniero vive en una o dos piezas de alquiler. Deja a su propietario
sus bienes para agradecerle su ayuda.
El coronel ingeniero segundo Juan Antonio Perello (45), su mujer y
sus hijos se establecieron en Madrid debido a problemas de salud,
donde alquilaron una casa, pese a que Juan Antonio había sido
destinado a Orán. Los esposos murieron con algunos días
de intervalo. La esposa tuvo tiempo para declararse pobre aunque sus
bienes se estimaron en 12.348 reales. ¿Eran los únicos
bienes que poseían? En todo caso, el mobiliario fue evaluado
en 451 reales, la ropa interior en 1.576 reales, la ropa de mujer
y hombre en 2.579 reales, la ropa de cama y de casa en 876 reales.
Figuran también los uniformes: el pequeño por 100 reales,
el grande por 600 reales. Entre la vajilla, se encontraba porcelana
de China y algunas fuentes. El matrimonio poseía también
platería y un reloj evaluados en 2.002 reales, unos pocos libros,
instrumentos relacionados con su profesión y dos fusiles. El
ingeniero trajo algunos planos con él, que seguramente dibujó
cuando residía en América: mapas del Orinoco, del Amazonas,
planos de las costas de la provincia de Cumaná. Las deudas
de la pareja sumaban 4.074 reales; los hijos se repartieron los bienes
restantes. Estos ingenieros no hicieron fortuna en su profesión.
Al leer estos inventarios, pese a las diferencias aparecen un cierto
número de elementos comunes: la presencia de dos uniformes
de ingeniero y de espadas (es lógico), los instrumentos necesarios
para el ejercicio de su profesión y libros científicos
en cantidades importantes. Al principio de su carrera, el ingeniero
es trasladado de puesto en puesto. Tiene poco mobiliario y agrupa
en unas pocas maletas sus efectos personales para poder viajar. Entre
su ropa, se encuentran los uniformes que tuvo que comprar. El pequeño
fue evaluado en 100 reales en los inventarios de bienes, aunque en
realidad habían costado 900 reales, y el grande o de gala costaba
1.800 reales (46) y fue valorado en 750 o 600 reales (47). Se comprende
la razón por la que ciertos ingenieros aprovechaban las subastas
para comprarlos. En el inventario de Miguel Marín Truq, el
gran uniforme de mariscal de campo fue valorado en 2.400 reales. La
espada de ceremonia con mango de plata que acompañaba el uniforme,
tenía un valor de un centenar de reales. La peluca podía
representar el toque de elegancia suplementaria y era muy corriente
en la época.
Los instrumentos de matemáticas son puntos comunes entre los
ingenieros (48). Podemos tomar como modelo la lista de instrumentos
de Pedro Martín Cermeño, estimada en 2.558 reales: varios
grafómetros, un estuche de útiles geométricos
(tasado en 1.000 reales) con compás, escuadra, un cuarto de
círculo, frascos de tinta china, uno de agua de mar, un tintero
portátil, una brújula, una caja de lápices, diferentes
reglas de marfil y otras ordinarias, un grabado sobre cobre con diferentes
figuras, otra caja de piezas para escuadrar. Para Josef Hermosilla
y Sandoval, los instrumentos son menos numerosos y han sido valorados
en 432 reales (49). Otros instrumentos necesarios para su trabajo
pueden agregarse a los precedentes: la lupa, pequeños recipientes
para hacer la mezcla de colores, pinceles, un mortero, plumas para
escribir, cortaplumas, puntas secas y hojas de papel. Los útiles
de trabajo de los ingenieros son comunes con los de otras profesiones,
como arquitectos o científicos. Otro elemento común
entre estos ingenieros es la necesidad de tener una mula o un caballo
para poder desplazarse.
Observamos también que suelen poseer retratos de su soberano,
a modo de marca de su pertenencia al cuerpo de los fieles servidores
del Estado. Enfermo, Josef Hermosilla y Sandoval llega a la casa de
su hermano, en Leganés, y trae consigo un medallón de
cobre representando la entrada de Felipe V en Nápoles en 1702,
otro con Fernando VI por una cara y en el reverso con un mortero haciendo
fuego. Este ingeniero, poseedor de un retrato de Fernando VI, parece
haber sido un ferviente admirador de la monarquía. Las pinturas
religiosas (50) abundan en los inventarios de la época. También
encontramos a menudo entre los diversos papeles de los ingenieros
de alta graduación, cartas y planos realizados por ellos mismos
o bajo su dirección para su sucesor (51) o para las plazas
extranjeras, mapas comprados (52). Son los verdaderos archivos de
su labor (53). Solamente en un inventario se encontró correspondencia
del ingeniero, pero es evidente que existió en otros (54),
pero ésta no debía interesar a los encargados de hacer
el inventario. Para terminar, un punto común a todos los ingenieros
era poseer ciertas ordenanzas del ejército, reglamentos y libros
básicos sobre las matemáticas y el arte de construir
fortalezas. Podemos imaginar fácilmente que todos los estudiantes
que pasaron por las academias militares conservaron sus cuadernos
de clase y los manuales. Gracias al estudio de las bibliotecas vamos
a poder perfilar el tipo de lector que era el ingeniero.
C)Las
bibliotecas de los ingenieros
Los libros figuran
casi siempre en los inventarios de bienes, pero la identificación
de éstos se hace difícil a causa de prácticas
deficientes. En efecto, la redacción de los inventarios no
codifica todo lo que se refiere a las bibliotecas. Podemos encontrar
el título aproximativo de libro, el título y el autor,
otro con el título solamente o sólo el autor, el lugar
de edición, o al fin, todas las informaciones, incluso el formato
y el idioma de la obra. Sin embargo, las informaciones más
habitualmente conocidas se refieren al título aproximado y
que puede corresponder a dos títulos existentes. Para descifrar
las bibliotecas, nos hemos basado en diferentes trabajos. Marie-Hélène
García (55) efectuó en su DEA un trabajo preliminar
sobre la forma y los fondos de ciertas bibliotecas de ingenieros,
trabajo para cual le habíamos proporcionado los archivos. El
doctorado, muy completo, de Manuel Reyes García Hurtado (56)
nos sirvió de manera fundamental para los escritos de los militares.
Las obras concernientes a la biblioteca del Real Colegio de Artillería
de Segovia (57), así como la de Jovellanos o la de Verboom
(58) nos han suministrado también la posibilidad de señalar
ciertas obras científicas y militares. Los diccionarios nos
han sido indispensables en lo que se refiere a libros extranjeros.
Fue posible servirnos también de los datos del programa Nicanto
que contiene la integridad de los títulos de la bibliografía
de los autores españoles del siglo XVIII de Francisco Aguilar
Piñal (59). Para concluir, recurrimos a la biblioteca de Francisco
Sabatini como fuente de indicios sobre los autores, fechas de edición
e idioma. Por lo tanto, es necesario precisar de ahora en adelante
que esta biblioteca publicada por Juan Antonio Ruiz Hernando (60)
es la trascripción, sin ningún agregado, del inventario.
Por lo que puede haber errores cometidos por el redactor y no corregidos
por el transcriptor. Pese a todo, esta biblioteca presenta la importancia
de haber pertenecido a un jefe del cuerpo de ingenieros y fue redactada
en un gran número de casos con el nombre del autor, el título,
el año y el lugar de la edición y la lengua en que el
libro está impreso. Sin embargo, si toda esta documentación
no permite descifrar cada título, al menos nos ayuda a comprender
mejor una gran parte de dichas bibliotecas, transcriptas en anexo
(61). El inventario de los libros aunque precioso, no es más
que un espejo deformante de las lecturas.
| Cuadro
3: presentación general de las bibliotecas en los inventarios
de bienes. |
| Apellidos
de ingenieros |
Fuentes |
Identidad |
Número
de libros |
Manera
de hacer el inventario |
| Aedo
Espina, Clemente |
AGMS
9ª A27 |
Español,
soltero, capitán de ingenieros, fallecido en 1787 en
Barcelona |
72 |
Títulos,
algunos autores |
| Ailmer,
Ricardo |
AGMS
9ª A 50 |
Irlandés;
viudo con niños, brigadier e ingeniero director, fallecido
en 1787 en Madrid |
40 |
Títulos,
algunos autores, idiomas algunas veces |
| Amici,
Gerónimo |
AGMS
9ª A52 |
Italiano,
vive en concubinato, brigadier ingeniero director, fallecido
en 1764 en Zaragoza |
17 |
Títulos
poco legibles |
| Hermosilla
y Sandoval, Josef Agustín |
AGMS
9ª E 35 |
Español,
director de la Academia de San Fernando, ingeniero al principio,
fallecido en 1776 en Leganés |
189 |
Títulos,
autores, lugares de ediciones, formatos |
| Juárez
Sandoval, Miguel |
AGMS
9ª J54 |
Español,
brigadier, ingeniero en jefe, viudo, fallecido en 1792 en Algeciras |
24 |
Títulos
y autores |
| López
Mercader, Fernando |
AGMS
9ª L 81 |
Español,
capitán ingeniero ordinario, soltero, fallecido en 1785
en Málaga |
8 |
Títulos
aproximativos |
| Marín
Truq, Miguel |
AGMS
9ª M52 |
Francés,
casado con hijos, brigadier ingeniero director, fallecido en
1764 en Madrid. |
51 |
Títulos |
| Martín
Cermeño, Pedro |
AGMS
9ª M 86 |
Español,
casado con un hijo, capitán general, fallecido en La
Coruña en 1790 |
637 |
Títulos,
formatos, idiomas algunas veces |
| Parfondri,
Diego José |
AGMS
9ª P36 |
Casado
con hijos, teniente coronel, ingeniero en segundo, fallecido
en Barcelona en 1773 |
23 |
Títulos
y algunos autores |
| Roncali,
Miguel |
AGMS
9aR200 |
Italiano,
casado con hijos, brigadier ingeniero director, fallecido en
Cornellá en 1794. |
101 |
Títulos,
idiomas algunas veces |
| Sabatini,
Francisco |
AGMS
9ª S 107 |
Italiano,
casado con hijos, inspector general del cuerpo, teniente general,
fallecido en 1797 en Madrid |
628 |
Títulos,
autores, idiomas, formatos, años de edición y
lugar |
| Saliquet,
Carlos |
AGMS
9ª S 30 |
Teniente
coronel, ingeniero en segundo, casado con hijos fallecido en
1777 en Barcelona |
19 |
Títulos |
Estos
inventarios del cuadro 3 provienen de ingenieros que habían
llegado al final de su carrera o casi. Sus actividades profesionales
cubren los años 1730 a 1790. De este modo, estas bibliotecas
nos permiten seguir de cerca a sus lectores durante un largo período.
Estos hombres no eran todos de nacionalidad española, lo que
presenta indiscutiblemente un cierto interés. Cuando sus medios
financieros son importantes, la biblioteca está bien surtida
y es variada.
Sobre el aspecto exterior de las bibliotecas resumiremos las líneas
generales del trabajo de Marie-Hélène García
(62). Según el estudio de ciertos inventarios donde figuran
los formatos de las obras, aparecen dos rasgos dominantes: la representación
importante del formato in-8° e in-4°, tamaños fácilmente
transportables y menos onerosos, lo que no impide la presencia de
formatos mayores para los libros de mayor calidad (arquitectura, artes,
historia, hagiografías y diccionarios...). Algunos inventarios
que dan los sitios de edición nos han permitido realizar un
cuadro de las diferentes procedencias. Aparte de México, citado
algunas veces, los libros fueron editados mayormente en Europa. Entre
los ocho países representados, España figura a la cabeza,
seguida por Francia en segundo lugar como país editor, y a
continuación Bélgica, Holanda e Italia. Los países
como Inglaterra, Alemania y Dinamarca tienen una presencia en las
ediciones muy limitada. Entre las ciudades editoras más citadas
tenemos, para España, Madrid, Barcelona y Valencia; para Francia,
París y Lyón ; para Bélgica, Amberes y Bruselas;
y Ámsterdam para Holanda. En esta última ciudad, las
publicaciones pueden ser en francés o inglés. Lo mismo
sucede con las ediciones en Londres: el lugar de edición no
implica la utilización del idioma del país.
Por lo que se refiere a las lenguas empleadas, el castellano es la
más usual y cuando el redactor del inventario encuentra un
libro en este idioma no juzga necesario mencionarlo. Pero lo más
importante en las bibliotecas de los ingenieros reside en la capacidad
de éstos de leer obras en lenguas extranjeras. El francés
resulta ser la primera lengua extranjera para dichos ingenieros y
la más empleada en Europa en el siglo XVIII para difundir las
ciencias y las nuevas ideas en todas las cortes europeas. Sin embargo,
es cierto que en España, aparte de en la altas esferas, era
raro encontrar personas que hablaran otras lenguas. Pero los libros
más importantes en el dominio científico, están
escritos en francés y por lo tanto es una necesidad profesional
conocer este idioma. Se emplea el italiano a menudo para los libros
de arte y arquitectura. Sus competencias lingüísticas
hacen del ingeniero un lector fuera de lo común. Para poner
al alcance de todos ciertos libros esenciales para el desarrollo del
país, la monarquía fomentaba las traducciones. El cuerpo
de ingenieros, vistas sus competencias, contribuye a esta tendencia.
Así es como las obras necesarias para esta profesión
son publicadas en castellano y pued