ORIGEN , VIDA y OBRA de los INGENIEROS MILITARES ESPAÑOLES

* Prólogo
* El Cuerpo de Ingenieros Militares españoles
* Oficiales del Real Cuerpo de Ingenieros
* Las condiciones materiales de la vida privada de los Ingenieros Militares en España en el Siglo XVIII
* Lista de los 21 Ingenieros Militares con actuación en la Banda Oriental (Siglos XVIII y XIX)


Hombres nivelando. Los veinte y un libros de los ingenios y máquinas. Juanelo Turiano. Siglo XVI. Biblioteca Nacional. Madrid .
Fuente : www.Ingenierosdelrey.com

Prólogo

Circunstancias especiales determinaron que en el año 1935 el autor de este trabajo buscara y reuniera datos acerca de los Ingenieros Militares españoles que estuvieron , no de paso en el territorio oriental del Uruguay , sino enviados expresamente desde la península ibérica para realizar obras públicas de fortificación o de otra naturaleza .-

El propósito perseguido con el acopio de esos datos era escribir una historia del Cuerpo de Ingenieros Militares Españoles en el Río de la Plata durante el período hispánico español. El ambicioso proyecto tropezó con las dificultades inherentes a los trabajos de investigación aumentados por la inexperiencia del autor.-

Una parte de los datos destinados a la realización del proyecto fueron empleados en la redacción de una monografía sobre el Ingeniero Carlos Cabrer en 1942 y otros sobre el Ingeniero Bermúdez en 1955.-

Transcurrieron los años sin que volvieran a usarse los materiales acumulados hasta que actualmente se actualizaron los antiguos datos limitados , esta vez , a los técnicos que actuaron en la Banda Oriental.-

Esta reducción del campo histórico no significó una disminución de la labor pues para identificar a los Ingenieros Militares que trabajaban en lo que hoy es el Uruguay fue necesario repasar íntegramente los datos para ir descartando a los que no salieron de Buenos Aires como Joaquín Mosquera , Francisco García Carrasco , Antonio Duarte y Mauricio Rodriguez de Berlanga.-

Creímos necesario eliminar también de este estudio a los Ingenieros Militares que formaron parte de la gran expedición española de don Pedro de Ceballos , pues vinieron y regresaron en la misma escuadra , entre los que figuraron los brigadieres don Pedro Martín Zermeño , Miguel Moreno y otros.-

Tampoco figuran en este estudio algunos mal denominados ingenieros , pues no formaron parte del Cuerpo ,ni estuvieron incluídos en el escalafón ; sin embargo hay que reconocer que trabajaron en obras de ingeniería y construcción debido a la escasez de técnicos ; entre estos hay que mencionar a Pedro Cerviño , ingeniero geógrafo ; Julio Ramón de César , ingenieros geógrafos ; Pedro García , Juan Inciarte , y otros.-
. . .
Nos hemos visto compelidos a excluir al Brigadier de Ingenieros portugués don José Custodio de Sa y Faría , pues pese a sus talentos de ingeniero y haber ejecutado trabajos arquitectónicos de mucho mérito en Buenos Aires y Montevideo ( fue el autor de los planos de la Iglesia Matriz montevideana ) , no llegó a formar parte del Cuerpo de los Ingenieros Militares.-
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Para el ordenamiento de este trabajo , se ha escogido como base la fecha de llegada de los ingenieros al Río de la Plata , por ser dato bien determinado en todos los casos y que coincide con el orden en que se ejecutaron las obras de defensa en nuestro territorio , pues la casi totalidad de los trabajos realizados por los ingenieros respondió a esa finalidad.-

Salvo contadas excepciones , el nivel profesional de los ingenieros militares que prestaron servicios en estas tierras fue elevado y acredita una excelente formación ; sólo en las más antiguas promociones de ingenieros se observan bajos niveles debido a que se reclutaron a oficiales que no habían seguido los cursos de formación en la Academia de Matemáticas de Barcelona y eran de muy diversa procedencia.-

En bastantes casos el rendimiento de los ingenieros fue menor del que podía esperarse y se debió , casi siempre ala penuria del erario que impidió convertir en obras los proyectos.-

Gran parte de los ingenieros militares no hicieron uso de la autorización de solicitar el regreso a la península al cumplir 5 años de servicios en América ; por el contrario , la mayor parte de ellos , arraigaron en el país , formando familia e identificándose con el nuevo medio al extremo de que al estallar los movimientos de independización en el Plata , muchos de ellos ( comenzando por el propio Comandante don Bernardo Lecocq ) se adhirieron a la Junta Revolucionaria , aunque otros , como José del Pozo y Marqui , y José María Cabrer siguieron fieles a las antiguas instituciones. Pero unos y otros permanecieron en Montevideo o Buenos Aires hasta su muerte.-

Después de la selección a que nos hemos referido , el total de los ingenieros militares españoles que actuaron en la Banda Oriental en todo el siglo XVIII y los primeros años del XIX , se reduce a 21 oficiales de que vamos a ocuparnos.

Bibliografía : Compilador : Juan José Arteaga
Extracto del Libro : " Uruguay . Defensas y Comunicaciones en el período hispano” . Autor : Cnel. Rolando L. TRIAS


El Cuerpo de Ingenieros Militares españoles.-


Rosetón que adornaba el Fronstispicio de la Academia en Barcelona.Representa a la Diosa Minerva , rodeada del lema.
Fuente : www.ingenierosdelrey.com

En 1709 , Felipe V , el primer Borbón que reinó en España , después de haber triunfado sobre las pretensiones de los Austrias , llamó al Marqués Jorge Próspero de Verboom , que servía en Flandes , para organizar a los ingenieros militares de España de modo análogo a como lo estaban en Francia ; Verboom propuso al Rey la creación de una Academia de Matemáticas en Barcelona , destinada a formar los nuevos técnicos que abrió sus puertas en 1711. En cuanto a los ingenieros que ya existían se resolvió agruparlos , tras algunos ensayos , en las siguientes categorías : Ingeniero General (para el que fue designado el Teniente General Jorge Próspero de Verboom ; Ingeniero Director (para ejercer el mando en cada una de las provincias) con el grado de Brigadier o Mariscal de Campo ; Ingeniero en Jefe (Coronel) ; Ingeniero en Segundo (Teniente Coronel) ; Ingeniero Ordinario (Capitán) e Ingeniero Extraordinario o Ayudante (Teniente) . . .

En 1739 se agregó la categoría de Ingeniero Delineador (con grado de Sub Teniente).

El número de Ingenieros Militares era de 150 Oficiales , de los cuales , 10 eran Directores , 16 Ingenieros en Jefe , 24 Ingenieros en Segundo , 40 Ordinarios , y 60 Extraordinarios.

El 21 de abril de 1736 propuso Verboom que ese número se redujese a 140 y el 30 de abril se decretó que hubiese 8 Directores , 16 Ingenieros en Jefe , 24 en segundo , 40 Ordinarios y 52 Extraordinarios.-

En 1739 , al hacerse cargo el Duque de Montenar de la Dirección General del Cuerpo , modificó nuevamente su organización en 10 Directores (uno por cada Provincia) , 16 en Jefe, 20 en Segundo , 30 Ordinarios , 40 Extraordinarios y 24 Delineadores.-

La equivalencia entre las categorías o empleo de ingenieros y los grados militares de ejército no eran rigurosamente complementarias y a menudo se desdoblaban ambas escalas jerárquicas ; por ejemplo a Petrarca se le nombró Ingeniero en Segundo con sueldo de 1500 pesos anuales ( 125 mensuales ) , pero no se le otorgó el grado de Teniente Coronel sino que continuó con el grado de Capitán.-

En 1756 al hacerse cargo el Conde Aranda de la Dirección General de la Real Artillería e Ingenieros resolvió cambiar la estructura del cuerpo suprimiendo las denominaciones de Ingenieros en Jefe , en Segundo , Ordinarios , Extraordinarios y Delineadores y conservando como obligatorias las jerarquías militares de Coronel , Teniente Coronel , Capitán , Teniente y Sub Teniente ; al mismo tiempo restableció para el cuerpo el total de 150 oficiales. En 1778 el Director General de Ingenieros don Silvestre Abarca, aumentó el número de componentes del Cuerpo a 300 oficiales , de los cuales 150 servirían en España y los otros 150 en América. Se estableció también que cumplidos cinco años de servicios en América podían pedir el regreso a España.-
Pero poco después se redujo el número de ingenieros militares para América a 110 correspondiendo a la Dirección de Ingenieros en Buenos Aires , 1 Director , 2 Ingenieros en Jefe , 1 en Segundo , 1 Ordinario , 2 Extraordinarios y 2 Ayudantes.
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Uniforme de Oficial del Cuerpo de Ingenieros (s.XVII)
Fotografía tomada en la Exposición "La Academia de Matemáticas de Barcelona. El legado de los Ingenieros militares". Atarazanas de Barcelona, julio de 2004.

Fuente : www.ingenierosdelrey.com


No se había establecido el tiempo mínimo y obligado de permanencia en cada grado para los ascensos pues estos sólo se efectuaban cuando se producían vacantes por fallecimiento de los oficiales ; estas vacantes se llenaban , unas por antigüedad en el empleo y otras por elección ; este sistema de ascensos daba lugar a que los oficiales permaneciesen largos años sin ascender ; los más impacientes solicitaban el ascenso como actualmente se piden los permisos o licencias y la mayor parte de las veces resolvía : no ha lugar.-

No había límite de edad para cada grado pues el retiro no existió hasta fines del siglo XVIII y principios del XIX . Los oficiales permanecían hasta su muerte en situación de actividad.-

Bibliografía :
Compilador : Juan José Arteaga
Extracto del Libro : " Uruguay . Defensas y Comunicaciones en el período hispano” . Autor : Cnel. Rolando L. TRIAS



Las condiciones materiales de la vida privada de los Ingenieros Militares en España durante el Siglo XVIII
.

* Introducción
* Ingresos de los ingenieros militares
* Ingresos correspondientes a la función: sueldos y gratificaciones
*
Rentabilizar las ganancias
*
Los inventarios de bienes como reflejo de las condiciones materiales de vida
* Las bibliotecas de los ingenieros

Introducción

En el siglo XVIII, los ingenieros militares españoles formaban el cuerpo técnico y científico del ejército. Este cuerpo fue un ejemplo modélico del reformismo borbónico, elemento moderno y precursor del ejército, apoyo del poder real y de su voluntad centralizadora. Uno de los aspectos innovadores de nuestro estudio consiste en esbozar la vida privada de los miembros de este cuerpo. De esta manera, podemos dibujar la realidad del ingeniero no solamente en el ejército sino también en la sociedad de su tiempo. A través del estudio de las remuneraciones, de los inventarios de bienes y de las bibliotecas de los ingenieros se puede definir su nivel económico, su universo privado y sus centros de interés. Así se demuestra que pertenecían a la clase media cultivada y que participaban en la creación de una nueva elite social: la de los técnicos.


Cadete Academia Ingenieros Alcala de Henares (1807).
Fuente : www.ingenierosdelrey.com

Nuestro trabajo de investigación nos ha llevado a hacer un estudio prosopográfico y social del cuerpo de ingenieros militares españoles entre 1710 a 1803. Esta institución presenta el interés de ser un cuerpo nuevo, creado por la nueva dinastía llegada al poder en España al principio del siglo XVIII: los Borbones. Naturalmente, los ingenieros militares existían en España antes de 1710, pero no estaban organizados corporativamente. El fundador del cuerpo de ingenieros militares fue Jorge Prosper Verboom, un ingeniero flamenco que sintetizó las practicas francesas, españolas y flamencas que dieron nacimiento al cuerpo español en 1710. El cuerpo destaca como modelo del reformismo borbónico, puesto que corresponde a los criterios de la monarquía para un ejército moderno: militares bien formados, servidores competentes del Estado, que contribuyen con su polivalencia al establecimiento de la política de la realeza, a la centralización del Estado y a la afirmación del despotismo ilustrado. El cuerpo de ingenieros fue una de las claves de la recuperación de España. Por lo tanto, debe ser objeto de los estudios necesarios para comprender el siglo XVIII español. Entender como funcionaba dicho cuerpo, en qué contribuyó a la realización de la política de la monarquía borbónica, ha sido el primer objetivo. El segundo, lo ha constituido el estudio prosopográfico de un corpus de 787 ingenieros, para así poder ofrecer una dimensión suplementaria a su comprensión, lo que permite examinar no solamente la vida profesional de los ingenieros sino también entrar en sus vidas privadas y en sus círculos de relaciones. Gracias a este método, se puede descubrir el lugar que ocupaba este grupo de técnicos bien instruidos y de gran competencia en los progresos del país, y con qué tipo de elite se identificaba. De esta manera, es posible situar el cuerpo de ingenieros en la sociedad, en el mundo militar y mostrar su participación en el desarrollo del país.


Zapador Regimiento Real principios Siglo XIX.
Fuente: www.ingenierosdelrey.com


Uno de los aspectos innovadores de nuestro estudio (1) consiste en esbozar la vida privada de estos hombres. No ha sido fácil penetrar en este espacio para la totalidad del corpus; en efecto, las diferentes fuentes de información están en diversos archivos y las lagunas documentales son importantes. Pese a todo, los documentos existentes han permitido, no sólo observar la red de lazos matrimoniales y familiares, sino también visualizar la manera de vivir de esos hombres y sus centros de interés. Nuestra intención es presentar los resultados de las investigaciones sobre la vida de los ingenieros en tres partes. En la primera, el estudio de su situación financiera nos da una idea de sus condiciones de existencia. En la segunda, el análisis de los inventarios de bienes nos ofrece un esbozo del marco de la vida cotidiana de esos hombres. Para terminar, el examen de sus bibliotecas permite definirlos a través de sus centros de interés.

A)¿Cuáles eran los ingresos de los ingenieros?

Para evaluar sus ingresos, podríamos contentarnos con el estudio de sus ganancias profesionales: sueldos, raciones y gratificaciones ligadas a una misión. Pero hemos querido seguir otras pistas. A partir de algunos testamentos, ha sido posible definir ciertos comportamientos financieros. Gracias a esta fuente documental, hemos podido entrever la existencia de otras posibilidades de aumentar sus rentas, a veces de manera ilegal. Pero sobre este punto no se han encontrado documentos suficientes para determinar si fue un comportamiento muy extendido.

1) Ingresos correspondientes a la función: sueldos y gratificaciones.

Los ingenieros eran militares que tenían por principal ingreso los sueldos relacionados con sus grados o empleos. El siglo XVIII fue un momento de consolidación de las estructuras militares y por lo tanto de fijación por las reglamentaciones múltiples de un sueldo estable. Las remuneraciones del militar estaban compuestas por sueldos pagados en efectivo, raciones saldadas en especie o en dinero y gratificaciones excepcionales.

Los primeros sueldos propuestos por Verboom fueron establecidos entre 1710 et 1711 (2) . Eran más elevados que en la artillería (3) gracias al poder de Verboom, pero también a la gran necesidad de técnicos militares. En 1724, se fijó la legislación de los sueldos y raciones. La Real orden del 30 de junio de 1739 restringió la atribución de las raciones de los ingenieros sólo a los desplazamientos durante las campañas militares (4). Ese mismo año los ingenieros directores perdieron una subvención de 300 reales para pagar un dibujante.

Como puede observarse en el cuadro 1, entre 1724 y 1765 los sueldos no aumentaron, salvo para los grados y empleos superiores a ingeniero ordinario. La progresión de las sumas fue de 200 a 500 reales mensuales para los grados superiores a capitán, pero no hubo ningún cambio para los puestos inferiores. Para un ingeniero con el grado de mariscal de campo e ingeniero director, se añadían a su sueldo 400 reales de vellón por mes, dado su elevada posición en la jerarquía militar. El poder, con todo conocimiento de causa, no revisaba el montante de los sueldos, pudiéndose constatar una gran estabilidad en el tiempo. Sondeos hechos en los años 1779 y 1790 muestran que no hubo ninguna modificación.

Cuadro 1. Evolución de los sueldos y de las raciones de 1724 a 1765.
Empleos y grados (equivalencia de 1756)
1724
sueldos y raciones por mes en reales de vellón
1756
sueldos por mes únicamente
1765
sueldos por mes
Ing.director / brigadier o coronel
1600 8/8
1900
2100
Ing.jefe / coronel o teniente coronel
1300 6/6
1300
1600
Ing.segundo/tte.coronel o capitán
1000 4/6
1000
1200
Ordinario/Capitán
650 2/2
650
650
Extraordinario / Teniente
450 2/2
450
450
Ayudante de ingeniero/subteniente
No existe
300
300
Fuentes: Sueldos y raciones que en el año de 1724 tenía S. M. señalados a los ingenieros. José Antonio Portugués, Tomo VI, pág. 796. Real decreto del 19/10/1756 y Real resolución de 1765, AGS GM 2998.

Los sueldos no eran equivalentes según las armas y esas diferencias irritaban. El ingeniero Felipe Crame hacía esta observación a sus superiores a mediados de 1750 y constataba que los oficiales de caballería desde el grado de capitán recibían un sueldo de 1000 reales mensuales y de 2000 reales cuando llegaban al grado de coronel; los coroneles de infantería tenían también a un sueldo de 2000 reales, mientras que los coroneles de ingenieros no recibían más de 1300 reales (5) . Más allá de la comparación de los sueldos, hacía ver que los ingenieros en campaña no se beneficiaban jamás de reposo, contrariamente a las otras armas. Tampoco se les retribuía con una gratificación particular, mientras que los oficiales de la tropa que servían excepcionalmente como ingenieros voluntarios durante los sitios, recibían una retribución de 300 reales por mes, además de sus sueldos. Felipe Crame insistía también en los gastos suplementarios ligados al empleo de ingeniero: compra de libros y gastos de desplazamiento para asumir las funciones que les eran atribuidas en tiempo de paz. Para terminar, constataba con amargura las pocas posibilidades de promoción en el escalafón de las funciones militares.


Capitán del Real Cuerpo Ingenieros (1808).
Fuente : www.ingenierosdelrey.com

Las quejas de este ingeniero pueden relacionarse con las de las esposas, que hablaban de la precariedad de sus situaciones financieras. A veces se puede pensar que dramatizan para poder hacerse oír. Sin embargo, lo cierto es que las quejas eran numerosas y debían corresponder a la realidad. La fijación de los sueldos no impedía al poder ser consciente de la limitación de los mismos. Por esta razón, el poder estableció para los casamientos reglas de orden social y financieras. El casamiento no era estimulado en el círculo de los grados subalternos por muchas razones, como por ejemplo la preeminencia del servicio sobre la vida privada, o a causa de la precariedad de los sueldos de estos militares, que les imposibilitaba mantener una familia. Esto hace que la dote de la esposa representara una especie de seguro para la pareja, una garantía de su porvenir. Fundar una familia tenía que hacerse con conocimiento de causa; la esposa debía saber administrar una situación financiera y familiar precaria y, eventualmente, bastarse por sí misma. La dote continuaba siendo siempre propiedad de la esposa, que sólo la utilizaba en casos concretos: preparar el ajuar de una hija, o asegurarse su propia vejez en solitario y, más raramente, comprar un bien en común o hacer frente a gastos excepcionales de la pareja (6). A veces los esposos se veían obligados, debido a sus desplazamientos, a dejar a una parte de la familia los medios con los que hacer frente a sus necesidades. Por ejemplo, Antonio de Murga (7), cuando partió hacia Guatemala en 1765, pidió que se dejara a su esposa y a sus hijos (o a su madre, si su mujer falta) 40 pesos de 15 reales de vellón por mes, o sea 600 reales que correspondían a la mitad de su sueldo. Esta costumbre de dejar sumas de dinero no concernía solamente a las esposas. Antonio Leyba (8), al marchar en 1768 hacia La Habana, pidió que se enviara a su madre Josefa Vizcaigaña, viuda de coronel, 96 pesos por año, o sea 1400 reales. Su madre cobraba una pensión insuficiente del Monte de Piedad. Puede parecernos paradójico que, a pesar de la precariedad de ciertas situaciones, los ingenieros fueran autorizados a dejar de este modo una parte importante de sus sueldos.

Otro problema para los ingenieros era tener un empleador que pagaba a menudo con atraso. A lo largo de todo el siglo XVIII esto ha sido objeto de tensiones y protestas. Así, Miguel Marín Truq estipulaba en su testamento (9) , redactado en 1752, que se le debían 57.839 reales, o sea el sueldo que va del primero de abril de 1739 al 9 de julio de 1746. Este mismo ingeniero señalaba que en 1758 había tenido que pagar él mismo todos los gastos correspondientes a sus diferentes misiones, inclusive la visita de las plazas de los Pirineos (10). Espera recibir la suma de 59.401 reales de vellón de salarios impagados. El atraso en el pago de los sueldos obligaba a los ingenieros a contraer deudas (11). Es indiscutible que las dificultades financieras de los ingenieros estaban ligadas a sus numerosos desplazamientos y a la compra de material. Estos gastos obligaban a veces a los ingenieros a cometer ciertos excesos. Por ejemplo, en 1737 Marc-Antoine Eydoux (12) se negó a desplazarse de La Coruña a Tuy, dado que le faltaba el dinero para el viaje. Fue suspendido y arrestado en mayo de 1737 y reintegrado a su cargo un mes y medio más tarde. En agosto de 1739, Juan de Zahoras (13) se encontraba en la misma situación que Eydoux. Fue suspendido y luego reintegrado con subsidios para hacer frente a sus obligaciones. Algunos ingenieros menos escrupulosos cayeron en la delincuencia (14) o se otorgaron sumas de dinero destinadas a otros. Francisco Ibáñez (15) fue acusado en 1733 de robo en las cajas reservadas para la ayuda de las viudas y de malversación de los sueldos de los ingenieros. Según Verboom, utilizó este dinero para gastos superfluos y se dio a la fuga. En su defensa, este ingeniero dijo que se había marchado a Portugal en buscar de dinero para rembolsar su deuda. Después se perdió todo rastro de él en el cuerpo de ingenieros.

Otra remuneración de los ingenieros la constituían las gratificaciones. Eran una ayuda a los militares para misiones particulares. Por ejemplo, un ingeniero en jefe que asumía también la función de comandante de una provincia recibía 300 reales de gratificación, según la Real orden del 22 de marzo de 1751. Esta medida fue suprimida en 1765, quizás porque se deseaba que los puestos de mando en las provincias fuesen atribuidos a los ingenieros directores. Sin embargo, parece que estas gratificaciones subsistían para los ingenieros que asumían los puestos de mando en América o en Canarias. Josef García Martinez de Cáceres, ingeniero segundo y comandante de la plaza de Buenos Aires en 1788, reclamaba una gratificación de 375 reales mensuales. Afirmaba no haber disfrutado nunca de descanso y en cambio tener muchas obligaciones que reducían su sueldo (16). Fausto Caballero, ingeniero segundo en 1787, recibía 600 reales por mes a partir de su embarque para poder asumir sus gastos extraordinarios en su puesto de mando en Canarias (17).


Coronel de Ingenieros (1808).
Fuente :
www.ingenierosdelrey.com



Otra ayuda del Estado eran las raciones de pan, de paja y de cebada, o en dinero. Estas raciones eran importantes ya que permitían la manutención del caballo y, eventualmente, la del criado. En 1739, la ley definía la atribución de pan y cebada únicamente a los ingenieros en campaña militar. En 1768, en el título II de las ordenanzas del cuerpo de ingenieros, se recordó que los sueldos habían sido fijados previamente. Para las raciones de pan, paja y cebada, los casos de distribución son: campañas militares, comisiones extraordinarias (reconocimiento de provincias, de fronteras, de plazas, dirección de canales, de caminos, y levantamiento de planos). Más adelante vemos raciones definidas en dinero, atribuidas a los ingenieros por comisiones particulares (18). Felipe Paz pidió en 1799 el pago de sus raciones puesto que tenía que efectuar la visita de las plazas de Tuy, Orense y Santiago. Para ello, tuvo que comprar un caballo, contratar a un joven palafrenero y alojarse en diferentes mesones. Sus gastos (28 reales por día) debían cubrirse mediante la paga de sus gratificaciones. En 1784, las raciones estaban evaluadas en 22 maravedíes por el pan y 22 reales por la fanega de cebada. Estas cifras fueron citadas por Felipe Paz en su petición, en la que también incorpora la compra de una silla de montar. Gratificaciones y raciones fueron suplementos salariales importantes que mejoraron la situación financiera de dichos ingenieros. Pero muchas veces los ingenieros debían adelantar estas sumas.

Los cambios de destino obligaban a pagar muchos gastos de desplazamiento en España. Seguramente, las indemnizaciones estaban previstas para el costo del viaje y la instalación en los nuevos destinos fuera de la Península. Los ingenieros estaban considerados como los otros oficiales. Según la Real Orden del 21 de junio de 1768 y el artículo V del título VIII de las ordenanzas generales del ejército, los oficiales recibían dos pagas para evitar las cesaciones de sueldos y las indemnizaciones para el viaje. Las sumas atribuidas dependían del lugar de salida (puerto de la península o de las Canarias). La esposa y los hijos podían ser beneficiarios de 7 reales por día por cada uno; para el criado son 3 reales por día. Según el artículo III del título VIII de las ordenanzas generales del ejército de 1768, un capitán que sale de la Península para ir a Vera Cruz recibía 4.270 reales, distribuidos de la manera siguiente: 1.000 reales a cuenta de su sueldo, 3.000 reales para el viaje y 270 reales para el criado. A su llegada, el capitán recibía la mitad de su sueldo por día de navegación. Para los ingenieros nombrados en Canarias, se recomendaba tomar un navío de guerra o de correos para el viaje. El ingeniero que no respetaba esta consigna se exponía a no recibir gastos de viaje. Es lo que le ocurrió a Fausto Caballero, que viajó en un barco mercante y pagó de su propio bolsillo 7.500 reales por él y su familia. Su petición no fue tomada en consideración. Es cierto que las indemnizaciones permitían pagar una parte de los gastos, pero no la totalidad. Sobre todo, éstas no cubrían los accidentes de viaje, como el robo de equipaje o el hundimiento del barco con todo el bagaje. Esto significaba para los ingenieros tener que pagar de todas formas una parte de los gastos.

La precariedad financiera de estos hombres corresponde a la del medio militar, aunque las gratificaciones parezcan superiores en el cuerpo de ingeniería. Las quejas de los ingenieros no se referían solamente a los atrasos de los sueldos sino, a veces, a la obligación de pagar gastos ligados a su función, como desplazamientos, alojamientos, provisiones o instrumentos... Se puede completar estos ejemplos con los que ofrece Horacio Capel (19).

Frente a esta situación, podemos plantearnos algunas preguntas. ¿Un ingeniero podía o no aumentar sus ingresos en el ámbito civil (20)? ¿Estos hombres que participaban en muchas obras de construcción y anexos no eran tentados por las importantes sumas de dinero que pasan por sus manos? ¿Dichos especialistas, requeridos para numerosos trabajos, no eran solicitados por ciertos maestros de obra para que otorgaran diferentes contratos a cambio de algunos subsidios? Estas preguntas nos las ha sugerido la lectura del testamento de Pedro Martín Cermeño. Este ingeniero murió con el grado de teniente general y capitán general de Galicia. Hizo toda su carrera en el cuerpo de ingenieros, como su padre. Se declaró servidor del Rey, pero se vio obligado a precisar un cierto número de puntos concernientes a su fortuna y sus bienes. Primero, señala que sus diferentes empleos no le permitieron ahorrar; por lo tanto sus bienes provenían de su padre que fue ingeniero general. Luego precisa que no recurrió a malos expedientes para aumentar sus ganancias, en estos términos:

"También declaro no deber ni ser responsable, al Rey mi señor, de cantidad alguna ni por vía de restitución, aunque he manejado muchos caudales de Su Majestad, ni tampoco al público ni particulares por perjuicios voluntarios en mí, ni por adehalas o aprovechamientos que llaman gages, porque, gracias a Dios no he usado nunca de ellos...” (21).

Estas pocas líneas hacen suponer que algunos han podido sustraer sumas de dinero de los presupuestos a su cargo. O podemos preguntarnos si no existía la práctica del soborno para obtener contratos. Para responder a estas cuestiones sería necesario encontrar datos precisos sobre estos puntos, es decir poder evaluar la fortuna del ingeniero al principio de su carrera y al final. Sin embargo, es un hecho probado que ciertos ingenieros pudieron extraer ciertas sumas de dinero para realizar inversiones personales, que el estatuto de ingeniero director era un puesto envidiado, que las quejas de estos hombres y de sus esposas pueden corresponder a la actitud relacionada con la costumbre de protestar más que a verdaderas situaciones dramáticas.

2) Rentabilizar las ganancias

Ciertos ingenieros buscaban a veces hacer fructificar sus ganancias o proteger la fortuna que pudieron adquirir. Existen dos maneras para hacerlo : la del hombre emprendedor que se lanza a las inversiones típicas de la época, como las compañías comerciales, o la del ingeniero que busca simplemente proteger el patrimonio adquirido, reproduciendo el esquema de las clases altas tradicionales, mediante la institución del mayorazgo.
Tenemos el ejemplo de Carlos Lemaur, llegado a España en 1750 después de haber negociado su salida de París con Francisco Pignatelli, embajador de España. Le fueron pagados sus gastos de viaje, así como sus deudas en París. A petición del marqués de la Ensenada, se ocupó de los canales en Castilla. De 1750 a 1781, ascendió todos los grados de la jerarquía hasta llegar a ingeniero director. Participó en numerosos trabajos, entre ellos diferentes proyectos y trazados de canales (22). En 1776, sirvió de árbitro entre dos grupos de promotores que deseaban obtener una concesión para la excavación del llamado canal de Tortosa. Debió vender sus servicios al Estado como lo había hecho en el momento de su llegada al país. Esto no era nada extraño, ya que España era muy aficionada a la canalofilia y a los técnicos franceses. Estas actividades lo llevaron a frecuentar el mundo de las más altas finanzas. Decidió emprender proyectos financieros para rentabilizar su capital, creando en 1778, con otras personas, la compañía del canal de Andalucía. Esta compañía no encontró la financiación suficiente y fracasó (23). Pero las inversiones de este ingeniero no se detuvieron ahí y también invirtieron sus hijos. Los proyectos para el canal de Guadarrama fueron realizados por la familia Lemaur, aunque el padre murió antes del comienzo de los trabajos. Parece que los ingenieros se beneficiaron de acciones del Banco de San Carlos, el promotor. En efecto, en el expediente de su hijo Carlos, también ingeniero, podemos encontrar la división en cuatro partes de 50 acciones del canal de Guadarrama, cada una evaluada en 25000 reales (24). Visiblemente, los hijos, como hizo su padre, buscaron participar en el desarrollo económico del país y así obtener beneficios. La situación financiera de Carlos Lemaur (padre) se degradó ligeramente. En 1775 cuando murió intestado, fue enterrado en la parroquia militar de San Martín, en Madrid. Hemos buscado el inventario de sus bienes y su evaluación según los expedientes relativos a su pensión. No hemos encontrado este inventario, pero sí la petición de pensión de la viuda, en la que queda dicho: “inventario y tasación de los pocos muebles que ha dejado”. Además, la viuda, Juana de Lamurere, decía estar en una situación de extrema pobreza, asegurando que no había podido disponer de dinero para pagar los gastos de los funerales de su esposo, aprovechando la misma petición para solicitar que sus dos hijos menores, Félix y Francisco, fueran integrados en el cuerpo de ingenieros. La demanda le fue satisfecha, recibiendo su pensión y entrando sus dos hijos en el cuerpo de ingenieros al que ya pertenecían los dos mayores (25). ¿Se encontraba realmente en la más extrema precariedad o necesitaba colocar a sus hijos? Con frecuencia se empleaban en las peticiones las nociones de pobreza y miseria, pero no siempre se correspondían con la realidad.

Volvamos a las inversiones de los ingenieros. François Boizot, francés, ingeniero de puentes y caminos, vino a España para efectuar el reconocimiento del terreno y hacer los planos del canal de Murcia en 1776. Se le dio un empleo de ingeniero militar en 1777. Además, recibió el centésimo de los capitales de la compañía (26). Encontramos en ciertos testamentos la mención de fondos gestionados por una compañía comercial o un agente de comercio. Por ejemplo, según su testamento Pedro de Lucuce (27) invirtió 8.400 reales en la Compañía real o de comercio de Barcelona. Estos fondos le dejaron un beneficio de 5.040 reales o sea el 3 por ciento de interés anual y beneficios también de 140.000 reales de renta sobre los tabacos. Miguel Juárez Sandoval ( 28) poseía varias cartas de comercio por 145.800 reales que le dejaban un interés de 7.350 reales por año. Estos dos ingenieros lograron así hacer fructificar sus capitales de manera más rentable que por medio de las compañías de canales que no podían desarrollarse. Por supuesto, estos ingenieros no eran de poca graduación. Pedro Lucuce era uno de los directores más conocidos de la Academia de Matemáticas de Barcelona y terminó su carrera como teniente general. Miguel Juárez Sandoval era brigadier e ingeniero jefe en el momento de su muerte. Agustín de Herrera y Abendano (29), coronel e ingeniero jefe, declaró poseer ocho acciones del Banco de San Carlos, de las cuales seis le venían de su difunta mujer. Cada acción tenía un valor de 2.000 reales. Agustín de Herrera y Abendano es el último ejemplo de un ingeniero de alto rango que invierte en las empresas financieras de la época. Este hombre poseía también bienes inmuebles heredados de sus padres. Tenía una fortuna basada en diferentes rentas.


Uniformes de Ingenieros Militares
Fuente:
www.ingenierosdelrey.com



Pedro Martín Cermeño eligió otra vía para sus bienes, insistiendo en su testamento sobre la importancia de la conservación de la memoria y el patrimonio familiar. Esta actitud se ve corroborada por su manera de constituir un mayorazgo (30) para su hijo Santiago. Ese mayorazgo se componía de los bienes siguientes: una casa y un jardín en Melilla con dos sepulturas, herencia de su madre; una casa en Barcelona que viene de su padre, que deja un alquiler de 9.500 reales por año; una finca con una forja cerca de Bergantiños; otra casa y sus dependencias próxima de La Coruña, en un sitio llamado La Braña de Monelos, comprada por él junto con las tierras adyacentes y algunas más de los alrededores. En la Braña de Monelos se hizo construir una capilla para ser enterrado. Este sitio se convirtió el lugar de arraigo de la familia. Sin embargo, se puede constatar la dispersión de los bienes incluidos en el mayorazgo, lo cual es sinónimo de las peregrinaciones de este hombre y de su padre, al ser los dos ingenieros. Esta voluntad de fundar una dinastía los acerca a la actitud de la nobleza a la cual pertenece su mujer, María del Carmen Cisneros y Ulloa, hija del conde de Gimonde. Pedro Martín Cermeño es el símbolo de la ascensión social de una familia, que ganó su posición social al servicio del rey. Por otro, lado señalaba en su testamento: “La [memoria] de mis padres y mis abuelos que al servicio de su Rey y señor y con la espada en la mano adquirieron parte de los bienes que yo poseo”.

Francisco Sabatini, un ingeniero fuera de lo común, construyó su fortuna con inversiones en España y Europa pero también eligió la fundación de mayorazgos para poder dejar a sus hijas una parte de sus bienes. En su testamento (31), escribió sobre la importancia de ese proceder:

“[...] en cuanto las familias y para que la memoria de las personas ilustres se conserven y se perpetúen, teniendo fondos para alimentarse con la decencia correspondiente a su distinguida calidad y nacimiento... (y a fin) que se conserve y perpetue (mi familia), obtuve de SM reinante, el Rey Carlos IV, real facultad, en veinte y cinco de enero de mil setecientos noventa y uno, para fundar dos mayorazgos...”.

Estos dos mayorazgos fueron atribuidos a Mariana, primera hija y esposa de Géronimo La Grua, brigadier de caballería, ministro plenipotenciario y enviado extraordinario de Su Majestad a Génova, y a María Teresa, segunda hija y esposa de Antonio de Zayas, marqués del mismo nombre, comandante de la Orden de Santiago y coronel. Los bienes que componían este mayorazgo estaban basados en los capitales invertidos por Sabatini en Europa (32). La suma total de las inversiones llegaba a 437.710 reales. La primera hija obtuvo las tres quintas partes de esta suma y la segunda el resto. A su muerte, Francisco Sabatini era un hombre muy rico y próximo al poder. Su actuación con respecto a sus bienes era al mismo tiempo la de un hombre informado sobre las prácticas financieras de su época, y la de un hombre que quiere dejar un recuerdo de su paso utilizando el tradicional sistema del mayorazgo. Sabatini representa una síntesis de la sociedad de su tiempo. Progresista y vinculado al movimiento de las Luces, pero también deseoso de integrarse en las elites de la nobleza, cuyos criterios utilizaba.

El Rey buscaba servidores fieles como los Martín Cermeño, que le debían todo, “disponibles” a voluntad y por lo tanto sin ningún arraigo local. Pero estos fieles servidores aspiraban a una verdadera ascensión social y al arraigo correspondiente.

B)Los inventarios de bienes como reflejo de las condiciones materiales de vida.

Los inventarios de bienes eran levantados en presencia de los ejecutores testamentarios por las autoridades militares. Esta instrucción estaba ligada a la función de la persona que se beneficiaba del fuero militar y permitía poner en manos de la justicia todos los documentos que atañían a las tareas militares.

Estos inventarios de bienes se presentan bajo la forma siguiente: una lista de vestidos, ropa de casa, mobiliario, vajilla, joyas, cantidad y peso de los objetos de plata, pinturas, libros, monedas, dinero y los documentos profesionales. Muy raramente se establecían inventarios de los bienes inmobiliarios poseídos por el difunto (33). Es cierto que la mayoría de los ingenieros no pertenecían a la alta nobleza. No poseían bienes inmuebles salvo al término de su carrera. Algunas veces los bienes muebles fueron tasados para ser vendidos en subasta o porque era necesaria una división por herencia. Para efectuar esas evaluaciones, el ejército recurría a especialistas pero no se tasaban todos los bienes citados. No sólo dejaban de lado los bienes inmuebles, sino también otros bienes que no figuran pero que sabemos por otras fuentes que existían. Por ejemplo, el inventario de bienes de Juan Martín Cermeño conservado en Segovia no menciona la biblioteca del ingeniero. Gracias al testamento de su hijo, sabemos que poseía ciertos libros de valor, como una edición rara llamada Herculaneo sobre los descubrimientos arqueológicos de Herculano, con láminas poco comunes, libro ofrecido por el Rey a Juan Martín Cermeño. Su hijo quería hacerlo imprimir y difundir.

Es necesario señalar que las observaciones hechas sobre los inventarios de bienes no pueden ser más que jalones para un estudio en profundidad, a causa del escaso número de inventarios y, por otro lado, las categorías de los ingenieros concernidos. Sólo poseemos 17 inventarios, de los cuales 6 no están evaluados, sobre los 11 tasados, 6 no engloban la totalidad de los bienes del difunto**. Las 17 personas de las cuales hemos podido esbozar las condiciones de vida, pertenecen todas a categorías sociales diferentes, con un punto en común: el hecho de haber sido ingenieros.

Cuadro 2: Presentación de los inventarios de bienes y de sus evaluaciones
Apellidos / fuentes
Grados / empleos /año de muerte
Bienes evaluados en reales
AEDO ESPINA Clemente
AGMS 9ª A 27
Capitán/ ingeniero ordinario .Caballero de la orden de Santiago. Muere en 1787
Evaluación parcial : 97100 reales
AILMER, Ricardo
AGMS 9ª A 50
Brigadier / ingeniero director .Muere en 1788
Inventario de bienes en Barcelona pero no del lugar de residencia de su familia. Total : 12810 reales
AMICI Gerónimo
AGMS 9ª A 152
Brigadier / ingeniero director retirado
Muere en 1764
Bienes 4173 reales. Deudas 7757 reales
CUBERO, Cristóbal
AGMS 9ª C 240
Teniente coronel /ingeniero en segundo, muere en 1755
Pequeño inventario sin evaluación
HERMOSILLA Y SANDOVAL,Josef
AGMS 9ª E 35
Capitán / ingeniero ordinario. Director de la Real Academia de San Fernando en Madrid. Muere en 1776
Evaluación parcial de los bienes a 77160 reales.
JUAREZ SANDOVAL, Miguel
AGMS 9ª J 154
Brigadier/ingeniero en jefe. Muere en 1792
Bienes evaluados en 219 955 reales
LOPEZ MERCADER, Fernando
AGMS 9ª L 81
Capitán / ingeniero ordinario. Muere en 1785
Pocos bienes, ninguna evaluación
LUCUCE, Pedro
AGMS 9ª L 143
Teniente general / director de las academias militares. Muere en 1779
Inventario completo por 261 831 reales
MARIN TRUQ, Miguel
AGMS 9ª M 52
Mariscal de campo/ ingeniero director
Muere en 1764
Bienes evaluados en 47 451 reales de los cuales hay 13 107 reales de sueldos de retraso
MARTIN CERMEÑO, Juan
AGMS 9ª M 79
Teniente General/ ingeniero general.Muere en 1773
Ninguna evaluación
MARTIN CERMEÑO, Pedro
AGMS 9ª N 43
Capitán general de Galicia / teniente general. Muere en 1790
Bienes parcialmente evaluados en 112 896 reales
NUÑEZ DEL PINO, Manuel
AGMS 9ª N 43
Capitán / ingeniero ordinario retirado, regidor de Almería. Muerte en 1803
Bienes personales e inmobiliarios evaluados a 290 782 reales
PARFONDRI, Diego
AGMS 9ª P 36
Teniente coronel/ ingeniero ordinario retirado. Muere en 1773
Ninguna evaluación
PERELLO, Juan Antonio
AGMS 9ª P 83
Coronel/ ingeniero en segundo
Muerte en 1792
Bienes evaluados a 12 348 reales, definido como pobre
RONCALI, Miguel
AGMS 9ª R 200
Brigadier/ingeniero director. Muere en 1794
Ninguna evaluación
SABATINI, Francisco
AGMS 9ª S1
Teniente general/ inspector general del cuerpo. Muere en 1797
Bienes evaluados : en su casa 242 358 reales; en capitales 2 437 710 reales
SALIQUET Y NEGRETE, Carlos
AGMS 9ª S 30
Teniente coronel / ingeniero en segundo. Muere en 1777
Ninguna evaluación

Este cuadro 2 pone en evidencia la gran diversidad de situaciones. En nuestra lista de ingenieros existen algunos que terminaron su carrera en el cuerpo y otros fuera de él. Los inventarios atañen a personajes de excepción, como Pedro Lucuce, Juan Martín Cermeño o su hijo Pedro, y Francisco Sabatini.

Su situación en la jerarquía les permitió tener un nivel de vida que se acercaba al de la aristocracia y ocupar funciones cercanas al poder. En consecuencia se veían en la obligación de mantener su rango y el nivel de sus fortunas les permitía formar parte de la elite. Seguían siendo ingenieros, pero su estilo de vida de algunos ya no tenía nada en común con el de sus subalternos.

Cuando un ingeniero se salía de los límites de su función y era nombrado regidor, como Manuel Núñez del Pino, estaba lejos de su vocación primera y de sus diferentes destinos. Había acumulado bienes y arraigado a nivel local. Entre otros ingenieros podemos constatar una fuerte disparidad, por ejemplo entre Miguel Juárez Sandoval, fallecido con el grado de ingeniero jefe, y Gerónimo Amici, ingeniero director retirado, cuyas deudas no puede pagar su sucesión**. Esta diferencia seguramente se puede explicar por su diferente fortuna personal, pero no tenemos pruebas documentales de ello.

Margarita Gil Muñoz (34)encuentra diferencias importantes entre los niveles de vida de los oficiales de fin de siglo. Tenientes generales como Joaquín Manuel de Villena, marqués del Real Tesoro, cuyos bienes sobrepasan la suma de dos millones de reales, mientras que los de otros, como el marqués de Ceballos, teniente general, llegan solamente a 146.511 reales. Las mismas diferencias han sido constatadas entre los capitanes cuyos inventarios de bienes oscilan entre más de 140.000 reales para algunos y 3.970 para otros. ¿Cómo explicar eso? Algunos viven solamente de sus sueldos y otros poseen bienes familiares. Máximo García Hernández (35) estudió los patrimonios en Castilla bajo el Antiguo Régimen y constató que en los inventarios de bienes de la nobleza de Valladolid el valor del dinero y los capitales invertidos representan generalmente más del 50 por ciento. Segunda observación: la nobleza se diferencia por un inventario donde la presencia de objetos suntuarios, de un gran número de muebles de recepción, de carrozas y libros es una constante. En los ejemplos que señala nos encontramos con niveles de fortuna equivalentes a los de ciertos ingenieros: el inventario de un marqués como el de Aguila Fuente, don Manuel de Zúñiga, equivale a 104.806 reales y la fortuna de un juez de la Cancillería y del Consejo de Indias, Diego Caraza y Vega, está estimada en 625.184 reales. Por lo tanto, vemos que ciertos ingenieros tienen un nivel y estilo de vida que corresponde a los de las elites. Los indicios de esta pertenencia son numerosos.

En el inventario de Juan Martín Cermeño, el mobiliario es muy numeroso. Comprende armarios, varias camas, mesas y sillas, canapés, espejos. De las paredes, cuelgan pinturas religiosas y estampas (36), tapicerías y sobre el suelo o en las paredes seis pieles de tigre grandes y dos pequeñas. Este ingeniero podía recibir lujosamente puesto que poseía diversos juegos de vajilla, una de porcelana de China de más de 150 piezas (platos, fuentes y servicios de café...) y otras de loza. La ropa** de la casa estaba a la altura de los posibles numerosos invitados. Para poner la mesa, la vajilla estaba acompañada de un servicio compuesto de 36 cubiertos de plata con sus candelabros. El café o el té eran servidos en un servicio de plata. En la cocina, podía hacer preparar numerosos y variados platos (poseía un conjunto de 18 cacerolas, diferentes asadores, chocolateras y cafetera...) por el cocinero francés Domingo Bux. Un servicio doméstico importante servía al ingeniero general: aparte del cocinero francés (muy de moda en aquel momento), un mayordomo, un ayuda de cámara y varios criados (dos o tres), dos cocheros y dos esclavos. El inventario, al ser incompleto, no permite mencionar ni la biblioteca ni las joyas. El hijo de Juan Martín Cermeño, Pedro, poseía bienes inmobiliarios no inventariados de los cuales ya hemos hablado. Los inventarios de sus bienes impresionan, pese a que fueran menores que los de Francisco Sabatini. Podemos suponer que una parte de estos bienes le venían de su padre. Tenía un servicio doméstico compuesta de un mayordomo (un antiguo ayuda de cámara de su padre), sirvientes, seguramente un cocinero y cocheros. Daba 7.000 reales por mes a su mayordomo para la gestión de los gastos de la casa. En diciembre de 1790 gastó 3.991 reales. Estos gastos eran muy importantes. Poseía por lo menos dos carruajes, una berlina para su mujer y un coche para él, tirado por seis mulas, estimado en 4.000 reales. El inventario de sus vestidos está compuesto por los uniformes relacionados con sus funciones (ingeniero, teniente general) y también por numerosas camisas, medias de seda, abrigos, casacas de terciopelo y muchas otras cosas. Tenía vajilla y platería en cantidad. Su función le obligaba a recibir muy asiduamente con mucho lujo. Poseía también servicios de porcelana de China, loza inglesa y de Talavera, diferentes piezas de cerámica que venían del conde de Aranda, vasos de cristal de Bohemia. El interior de su casa estaba decorado con mobiliario abundante y variado (cómodas, arañas de cristal, camas, muebles de salón, mesas, sillas..., alfombras y una gran cantidad de cuadros). Había pinturas (37) de tema religioso, pero también de tema mitológico, político, militar (reproducción de cañones, de batallas...) y de familia (retrato de su padre). Guardaba también numerosos planos y mapas como el de Madrid o de Galicia. El amor filial de Pedro lo llevó a recuperar y pagar el busto en mármol de su padre que éste había pedido al escultor Michel (38). Era un coleccionista de obras de arte y un hombre de cultura, su biblioteca estaba bien surtida. Encontramos las obras clásicas de su profesión pero también libros sobre los palacios italianos, las excavaciones arqueológicas de Herculano, la pintura inglesa y obras literarias antiguas (39). El pasado profesional de Pedro Martín Cermeño se revela no solamente a través de sus lecturas, sino también por la posesión de una cantidad importante de instrumentos de matemáticas y de armas (sables, espadas, pistolas y fusiles). Las joyas no han sido estimadas, pero él hizo donación a su primo de un broche de diamantes de las órdenes militares.


Uniformes varios
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Pedro Martín Cermeño era capitán general, por lo tanto un hombre importante en Galicia. Su familia y su padre fueron personajes muy cercanos al rey. Estos dos hombres fueron ingenieros fuera de lo común, lo mismo que Pedro Lucuce y Francisco Sabatini, cuyos inventarios no retomaremos aquí. Lo que nos interesa ahora es ver si, utilizando los inventarios de los ingenieros que continuaron en la función, podemos reconstituir el modelo de vida de un ingeniero.

El ingeniero Clemente Aedo Espina falleció en 1786 en Barcelona con el grado de capitán e ingeniero ordinario. Poseemos un inventario de sus bienes, que no está evaluado en su totalidad, pero que nos interesa por varias razones. Muestra que este hombre recibía otros ingresos además de su sueldo (podemos suponer que provienen de bienes de familia). Este ingeniero parecía ser un coleccionista de estuches, particularmente de tabaqueras de todo tipo, decoradas a mano y de un gran valor estético. Poseía también una colección de dibujos enmarcados de trajes regionales españoles, así como una vestimenta de gitano en terciopelo. Parece que se interesaba por el repertorio tradicional regional de su país. Los planos de Narbona y Tolosa decoraban las paredes de su casa. Poseía numerosas joyas con diamantes, topacios, perlas, y también siete relojes (40). El guardarropa es importante ya que contaba con varios sombreros y pelucas. Su mobiliario no era muy numeroso pues era soltero e inquilino en una casa donde hizo diversos arreglos. Poseía un birlocho de dos caballos. Para mejorar estos coches, tenía una imperial y un resguardo para el cochero. La vajilla no era abundante: algunos cubiertos de plata, platos en porcelana, la cafetera y la chocolatera forman parte del inventario, lo que corresponde a la moda de su época. Para mantener estos coches y su interior empleaba a un criado, un palafrenero y un cochero. Entre sus bienes encontramos uniformes de ingeniero, instrumentos de matemáticas (41) y una biblioteca científica. La subasta de algunos de sus bienes dejó la suma de 67.100 reales y permitió pagar sus deudas. Entre los compradores, se encontraban algunos ingenieros (42) que adquirieron los uniformes, los libros e instrumentos de matemáticas a menor costo. A este ingeniero, que tenía diferentes centros de interés y una vida lujosa, podemos oponer el inventario del ingeniero director Miguel Marín Truq, fallecido en Madrid en 1765, casado y con cinco hijos. El mobiliario era numeroso e incluía ciertos elementos de lujo, cuatro piezas de tela teñidas para los muros, arañas de cristal, candelabros y espejos. Algunos cuadros decoraban sus paredes, entre ellos un retrato del rey y cuadros religiosos (43). Una colección de objetos de vidrio (animales esencialmente) estaba expuesta en una vitrina. Los libros científicos figuraban también en el inventario. Un coche cerrado de cuatro plazas y un par de mulas fueron valorados en 3.800 reales. Existe también un inventario de la platería; sobre los 34 434 reales de la totalidad de sus bienes, los ropajes de hombre representan el 17,9 por ciento y los de las mujeres más los elementos de decoración en telas y los tapices, suman el 26,9 por ciento. Los libros equivalen al 6,35 por ciento mientras que los coches se estiman en un 7,2 por ciento. Este ingeniero llegó a la cúspide de su carrera. Pese a su pertenencia a la clase media, su calidad de vida reproduce el modelo de la gran nobleza.

Pero si tomamos dos ejemplos de ingeniero jefe, uno Cristóbal Cubero (44), fallecido en 1755, y el otro Juan Antonio Perello, fallecido en 1792, descubrimos dos mundos totalmente diferentes de los precedentes, e inventarios muy modestos. El de Cubero no ha sido evaluado, pero vemos enseguida el número limitado de sus bienes. Dos cofres contienen sus vestidos y la ropa de casa. Naturalmente, el uniforme de ingeniero y la espada figuran en el inventario. El mobiliario se compone de cinco mesas, seis sillas, cuatro espejos de tamaño mediano y seis banquetas y posee solamente dos cubiertos de plata. Este ingeniero vive en una o dos piezas de alquiler. Deja a su propietario sus bienes para agradecerle su ayuda.

El coronel ingeniero segundo Juan Antonio Perello (45), su mujer y sus hijos se establecieron en Madrid debido a problemas de salud, donde alquilaron una casa, pese a que Juan Antonio había sido destinado a Orán. Los esposos murieron con algunos días de intervalo. La esposa tuvo tiempo para declararse pobre aunque sus bienes se estimaron en 12.348 reales. ¿Eran los únicos bienes que poseían? En todo caso, el mobiliario fue evaluado en 451 reales, la ropa interior en 1.576 reales, la ropa de mujer y hombre en 2.579 reales, la ropa de cama y de casa en 876 reales. Figuran también los uniformes: el pequeño por 100 reales, el grande por 600 reales. Entre la vajilla, se encontraba porcelana de China y algunas fuentes. El matrimonio poseía también platería y un reloj evaluados en 2.002 reales, unos pocos libros, instrumentos relacionados con su profesión y dos fusiles. El ingeniero trajo algunos planos con él, que seguramente dibujó cuando residía en América: mapas del Orinoco, del Amazonas, planos de las costas de la provincia de Cumaná. Las deudas de la pareja sumaban 4.074 reales; los hijos se repartieron los bienes restantes. Estos ingenieros no hicieron fortuna en su profesión.

Al leer estos inventarios, pese a las diferencias aparecen un cierto número de elementos comunes: la presencia de dos uniformes de ingeniero y de espadas (es lógico), los instrumentos necesarios para el ejercicio de su profesión y libros científicos en cantidades importantes. Al principio de su carrera, el ingeniero es trasladado de puesto en puesto. Tiene poco mobiliario y agrupa en unas pocas maletas sus efectos personales para poder viajar. Entre su ropa, se encuentran los uniformes que tuvo que comprar. El pequeño fue evaluado en 100 reales en los inventarios de bienes, aunque en realidad habían costado 900 reales, y el grande o de gala costaba 1.800 reales (46) y fue valorado en 750 o 600 reales (47). Se comprende la razón por la que ciertos ingenieros aprovechaban las subastas para comprarlos. En el inventario de Miguel Marín Truq, el gran uniforme de mariscal de campo fue valorado en 2.400 reales. La espada de ceremonia con mango de plata que acompañaba el uniforme, tenía un valor de un centenar de reales. La peluca podía representar el toque de elegancia suplementaria y era muy corriente en la época.

Los instrumentos de matemáticas son puntos comunes entre los ingenieros (48). Podemos tomar como modelo la lista de instrumentos de Pedro Martín Cermeño, estimada en 2.558 reales: varios grafómetros, un estuche de útiles geométricos (tasado en 1.000 reales) con compás, escuadra, un cuarto de círculo, frascos de tinta china, uno de agua de mar, un tintero portátil, una brújula, una caja de lápices, diferentes reglas de marfil y otras ordinarias, un grabado sobre cobre con diferentes figuras, otra caja de piezas para escuadrar. Para Josef Hermosilla y Sandoval, los instrumentos son menos numerosos y han sido valorados en 432 reales (49). Otros instrumentos necesarios para su trabajo pueden agregarse a los precedentes: la lupa, pequeños recipientes para hacer la mezcla de colores, pinceles, un mortero, plumas para escribir, cortaplumas, puntas secas y hojas de papel. Los útiles de trabajo de los ingenieros son comunes con los de otras profesiones, como arquitectos o científicos. Otro elemento común entre estos ingenieros es la necesidad de tener una mula o un caballo para poder desplazarse.

Observamos también que suelen poseer retratos de su soberano, a modo de marca de su pertenencia al cuerpo de los fieles servidores del Estado. Enfermo, Josef Hermosilla y Sandoval llega a la casa de su hermano, en Leganés, y trae consigo un medallón de cobre representando la entrada de Felipe V en Nápoles en 1702, otro con Fernando VI por una cara y en el reverso con un mortero haciendo fuego. Este ingeniero, poseedor de un retrato de Fernando VI, parece haber sido un ferviente admirador de la monarquía. Las pinturas religiosas (50) abundan en los inventarios de la época. También encontramos a menudo entre los diversos papeles de los ingenieros de alta graduación, cartas y planos realizados por ellos mismos o bajo su dirección para su sucesor (51) o para las plazas extranjeras, mapas comprados (52). Son los verdaderos archivos de su labor (53). Solamente en un inventario se encontró correspondencia del ingeniero, pero es evidente que existió en otros (54), pero ésta no debía interesar a los encargados de hacer el inventario. Para terminar, un punto común a todos los ingenieros era poseer ciertas ordenanzas del ejército, reglamentos y libros básicos sobre las matemáticas y el arte de construir fortalezas. Podemos imaginar fácilmente que todos los estudiantes que pasaron por las academias militares conservaron sus cuadernos de clase y los manuales. Gracias al estudio de las bibliotecas vamos a poder perfilar el tipo de lector que era el ingeniero.

C)Las bibliotecas de los ingenieros

Los libros figuran casi siempre en los inventarios de bienes, pero la identificación de éstos se hace difícil a causa de prácticas deficientes. En efecto, la redacción de los inventarios no codifica todo lo que se refiere a las bibliotecas. Podemos encontrar el título aproximativo de libro, el título y el autor, otro con el título solamente o sólo el autor, el lugar de edición, o al fin, todas las informaciones, incluso el formato y el idioma de la obra. Sin embargo, las informaciones más habitualmente conocidas se refieren al título aproximado y que puede corresponder a dos títulos existentes. Para descifrar las bibliotecas, nos hemos basado en diferentes trabajos. Marie-Hélène García (55) efectuó en su DEA un trabajo preliminar sobre la forma y los fondos de ciertas bibliotecas de ingenieros, trabajo para cual le habíamos proporcionado los archivos. El doctorado, muy completo, de Manuel Reyes García Hurtado (56) nos sirvió de manera fundamental para los escritos de los militares. Las obras concernientes a la biblioteca del Real Colegio de Artillería de Segovia (57), así como la de Jovellanos o la de Verboom (58) nos han suministrado también la posibilidad de señalar ciertas obras científicas y militares. Los diccionarios nos han sido indispensables en lo que se refiere a libros extranjeros. Fue posible servirnos también de los datos del programa Nicanto que contiene la integridad de los títulos de la bibliografía de los autores españoles del siglo XVIII de Francisco Aguilar Piñal (59). Para concluir, recurrimos a la biblioteca de Francisco Sabatini como fuente de indicios sobre los autores, fechas de edición e idioma. Por lo tanto, es necesario precisar de ahora en adelante que esta biblioteca publicada por Juan Antonio Ruiz Hernando (60) es la trascripción, sin ningún agregado, del inventario. Por lo que puede haber errores cometidos por el redactor y no corregidos por el transcriptor. Pese a todo, esta biblioteca presenta la importancia de haber pertenecido a un jefe del cuerpo de ingenieros y fue redactada en un gran número de casos con el nombre del autor, el título, el año y el lugar de la edición y la lengua en que el libro está impreso. Sin embargo, si toda esta documentación no permite descifrar cada título, al menos nos ayuda a comprender mejor una gran parte de dichas bibliotecas, transcriptas en anexo (61). El inventario de los libros aunque precioso, no es más que un espejo deformante de las lecturas.

Cuadro 3: presentación general de las bibliotecas en los inventarios de bienes.
Apellidos de ingenieros
Fuentes
Identidad
Número de libros
Manera de hacer el inventario
Aedo Espina, Clemente
AGMS 9ª A27
Español, soltero, capitán de ingenieros, fallecido en 1787 en Barcelona
72
Títulos, algunos autores
Ailmer, Ricardo
AGMS 9ª A 50
Irlandés; viudo con niños, brigadier e ingeniero director, fallecido en 1787 en Madrid
40
Títulos, algunos autores, idiomas algunas veces
Amici, Gerónimo
AGMS 9ª A52
Italiano, vive en concubinato, brigadier ingeniero director, fallecido en 1764 en Zaragoza
17
Títulos poco legibles
Hermosilla y Sandoval, Josef Agustín
AGMS 9ª E 35
Español, director de la Academia de San Fernando, ingeniero al principio, fallecido en 1776 en Leganés
189
Títulos, autores, lugares de ediciones, formatos
Juárez Sandoval, Miguel
AGMS 9ª J54
Español, brigadier, ingeniero en jefe, viudo, fallecido en 1792 en Algeciras
24
Títulos y autores
López Mercader, Fernando
AGMS 9ª L 81
Español, capitán ingeniero ordinario, soltero, fallecido en 1785 en Málaga
8
Títulos aproximativos
Marín Truq, Miguel
AGMS 9ª M52
Francés, casado con hijos, brigadier ingeniero director, fallecido en 1764 en Madrid.
51
Títulos
Martín Cermeño, Pedro
AGMS 9ª M 86
Español, casado con un hijo, capitán general, fallecido en La Coruña en 1790
637
Títulos, formatos, idiomas algunas veces
Parfondri, Diego José
AGMS 9ª P36
Casado con hijos, teniente coronel, ingeniero en segundo, fallecido en Barcelona en 1773
23
Títulos y algunos autores
Roncali, Miguel
AGMS 9aR200
Italiano, casado con hijos, brigadier ingeniero director, fallecido en Cornellá en 1794.
101
Títulos, idiomas algunas veces
Sabatini, Francisco
AGMS 9ª S 107
Italiano, casado con hijos, inspector general del cuerpo, teniente general, fallecido en 1797 en Madrid
628
Títulos, autores, idiomas, formatos, años de edición y lugar
Saliquet, Carlos
AGMS 9ª S 30
Teniente coronel, ingeniero en segundo, casado con hijos fallecido en 1777 en Barcelona
19
Títulos

Estos inventarios del cuadro 3 provienen de ingenieros que habían llegado al final de su carrera o casi. Sus actividades profesionales cubren los años 1730 a 1790. De este modo, estas bibliotecas nos permiten seguir de cerca a sus lectores durante un largo período. Estos hombres no eran todos de nacionalidad española, lo que presenta indiscutiblemente un cierto interés. Cuando sus medios financieros son importantes, la biblioteca está bien surtida y es variada.

Sobre el aspecto exterior de las bibliotecas resumiremos las líneas generales del trabajo de Marie-Hélène García (62). Según el estudio de ciertos inventarios donde figuran los formatos de las obras, aparecen dos rasgos dominantes: la representación importante del formato in-8° e in-4°, tamaños fácilmente transportables y menos onerosos, lo que no impide la presencia de formatos mayores para los libros de mayor calidad (arquitectura, artes, historia, hagiografías y diccionarios...). Algunos inventarios que dan los sitios de edición nos han permitido realizar un cuadro de las diferentes procedencias. Aparte de México, citado algunas veces, los libros fueron editados mayormente en Europa. Entre los ocho países representados, España figura a la cabeza, seguida por Francia en segundo lugar como país editor, y a continuación Bélgica, Holanda e Italia. Los países como Inglaterra, Alemania y Dinamarca tienen una presencia en las ediciones muy limitada. Entre las ciudades editoras más citadas tenemos, para España, Madrid, Barcelona y Valencia; para Francia, París y Lyón ; para Bélgica, Amberes y Bruselas; y Ámsterdam para Holanda. En esta última ciudad, las publicaciones pueden ser en francés o inglés. Lo mismo sucede con las ediciones en Londres: el lugar de edición no implica la utilización del idioma del país.

Por lo que se refiere a las lenguas empleadas, el castellano es la más usual y cuando el redactor del inventario encuentra un libro en este idioma no juzga necesario mencionarlo. Pero lo más importante en las bibliotecas de los ingenieros reside en la capacidad de éstos de leer obras en lenguas extranjeras. El francés resulta ser la primera lengua extranjera para dichos ingenieros y la más empleada en Europa en el siglo XVIII para difundir las ciencias y las nuevas ideas en todas las cortes europeas. Sin embargo, es cierto que en España, aparte de en la altas esferas, era raro encontrar personas que hablaran otras lenguas. Pero los libros más importantes en el dominio científico, están escritos en francés y por lo tanto es una necesidad profesional conocer este idioma. Se emplea el italiano a menudo para los libros de arte y arquitectura. Sus competencias lingüísticas hacen del ingeniero un lector fuera de lo común. Para poner al alcance de todos ciertos libros esenciales para el desarrollo del país, la monarquía fomentaba las traducciones. El cuerpo de ingenieros, vistas sus competencias, contribuye a esta tendencia. Así es como las obras necesarias para esta profesión son publicadas en castellano y pued