EN
EL PUENTE FERROVIARIO DEL QUEGUAY
Artículo
publicado en la Revista del Arma de Ingenieros (editada en 1990
con motivo de la conmemoración del 75 Aniversario del
Arma). Autor : Cnel. Ariel Maria De Vecchi
Aún
hoy se recuerda las inundaciones de abril y mayo de 1959. Intensas
y prolongadas lluvias provocaron la crecida de ríos y
arroyos, miles de hectáreas quedaron cubiertas por las
aguas, el desborde del Lago de Rincón de Bonete obligó
a la evacuación de Paso de los Toros, los cursos salidos
de madre cubrieron y asolaron barrios enteros de ciudades y
poblados, mortandad de animales, cosechas perdidas y peligro
de epidemias. Fue una de las catástrofes más grandes,
provocada por la naturaleza, que se abatió sobre todo
el territorio nacional.
Entre otras graves consecuencias, la creciente arrastró
parte del Puente ferroviario sobre el Río Queguay, único
punto de pasaje de la línea que, partiendo de Paysandú,
atraviesa el Dpto. de Salto y llega hasta Artigas y Bella Unión.
Era un importante ramal de la red ferroviaria, al margen del
transporte local de pasajeros por dicho puente pasaban anualmente
100.000 toneladas de carga.
AFE se abocó de inmediato a restablecer el tránsito
y en apoyo de sus medios y recursos humanos requirió
el auxilio del Ejército Nacional, que se materializó
a través de un destacamento que trabajó en forma
permanente durante casi tres años, en una cooperación
que a grandes rasgos comprendió toda la gama en materia
de tipos de puentes, empezando por el flotante, siguiendo por
el de madera y pasando por el Bayley hasta llegar al definitivo.
El 18 de junio de 1959, llegaron al lugar 1 Oficial y 20 PIS,
provenientes del Batallón de Ingenieros No. 3, acampando
en las inmediaciones del puente roto. Lo primero que se hizo
luego del despeje del área de trabajo y acondicionamiento
de un espacio para aparcamiento de materiales, fue el tendido
de un puente flotante con material de medias barcas, único
medio reglamentario de transposición de cursos de agua,
que poseía nuestra Arma en la época. De esta manera
se restableció el tránsito de pasajeros en forma
inmediata. Estos llegaban al lugar, descendían de los
vagones, cruzaban el puente caminando y tomaban otro tren en
la margen opuesta.
Fue la ultima vez que se empleó aquel material adquirido
después de la II Guerra Mundial; mientras tanto los técnicos
del Ente ferroviario, a cuyo frente estaba el lng. Civil Enrique
Campal proyectaban una solución que en tiempo mínimo
restableciera el pasaje de trenes y carga.
Se optó por el tendido de un nuevo puente de madera,
cuyo trazado sesgaba el primitivo, que posteriormente se iba
a reconstruir. Fue una idea ingeniosa y previsora de los trabajos
futuros, pues a la vez que permitía el pasaje de convoyes
de todo tipo también facilitaría la construcción
de los pilares que en el cauce iban a sustituir a los derribados
por la creciente.
Bajo la Dirección del lng. Campal, se comenzaron los
trabajos el 10 de octubre de 1959. Cada caballete tenía
4 puntales de curupay de 0,25 x 0,25, el travesaño y
las vigas longitudinales eran de la misma madera y sobre estas
se fijaban los durmientes para colocar finalmente las vías.
El arriostramiento vertical de los caballetes y el longitudinal
del puente se hizo con rieles.
Para el hincado de los pilares, el trabajo se empezó
desde tierra con un martinete improvisado y se continuó
en el agua mediante el empleo de una balsa con una perforadora
que profundizaba los agujeros en el cauce para la colocación
de los pilotes y posterior empleo del martinete hasta alcanzar
el rechazo requerido.
A esta etapa pertenece el recuerdo de un hecho que constituye
ejemplo de esas virtudes de arrojo, valor y tenacidad que caracterizan
a nuestro personal. Al pretender oradar el lecho rocoso donde
iba uno de los pilotes del noveno caballete, la perforadora
se encontró con un pilar caído del viejo puente,
un tubo de hierro fundido relleno de cal romana con un peso
de 20 toneladas que no había manera de agujerear, quedando
como única opción el desplazarlo. ¿Cómo
se hizo? El entonces Sgto. Plácido Germán Melo
Silva, después de varios intentos en aquellas aguas de
3 mts. de profundidad, oscuras y rápidas , logró
pasar una cuerda por debajo de la columna, lo que facilitó
el pasaje de una gruesa maroma que se ancló en una punta
para tirar desde la otra mediante una grúa en tierra
firme, hasta que se logró correrla lo necesario.
El 18 de noviembre de 1959, cuarenta y cinco días después
de iniciados los trabajos pasaba el primer tren , inaugurándose
el puente de madera y reanudándose por consiguiente el
tráfico ferroviario normal sobre el Río Queguay.
Cumplida
esta etapa, había que construir el puente definitivo
(habían quedado tres tramos sanos del anterior). Se construyeron
entonces tres pilares de hormigón sustitutivos de los
apoyos que el agua había derrumbado. El primero fue relativamente
fácil, pues estaba en tierra y se hizo mientras se trabajaba
en el puente de madera; para los otros se empleó el sistema
de encajonado: grandes prismas huecos de hormigón que
encajaban uno arriba de otro hasta superar el nivel de las aguas
y colocados mediante una grúa que se desplazaba por los
rieles del puente de madera; luego las bombas extraían
el agua y mediante el empleo de martillos neumáticos
se perforaban el lecho rocoso hasta dos metros de profundidad.
Finalmente se hicieron los pilares de hormigón ciclópeo,
armado con rieles.
Prontos
los apoyos, en junio de 1960 se inició el tendido del
Puente Bailey en sustitución de los cuatro tramos derrumbados
y complementario de los tres que quedaron en pie. Para dicha
tarea vinieron del Ejercito de U.S.A. un Oficial y dos Sargentos
Mayores, que oficiaron de asesores. En esta etapa se incrementó
el destacamento con 10 efectivos de Personal Subalterno del
Batallón de Ingenieros No.3 , 3 Oficiales y 30 efectivos
de Personal subalterno del Batallón de Ingenieros No.2
y 60 efectivos de personal Subalterno del Batallón de
Infantería No. 8. El tendido se hizo de a tres hileras
de 26 paneles de largo, los tramos se izaban hasta el lugar
de emplazamiento, mediante grúas desde el puente de madera.
Se terminó en menos de un mes y estuvo en servicio hasta
mediados del año 1962, en que se sustituyó por
el puente definitivo, utilizándose en forma alternada
con el puente de madera que también se desmanteló
para la misma fecha.
Esta
obra constituyó una experiencia enriquecedora para los
Oficiales y el Personal Subalterno que allí actuaron
y que de esta manera siguieron cimentando el engrandecimiento
de nuestra Arma, que es en definitiva, el de nuestro Ejercito,
al cual tenemos el orgullo y honor de pertenecer.