INICIO/PORTADA

ZAPADORES : O EN EL FILO DE LA MUERTE
( Nicaragua 1993 )

Ciento veinte mil oportunidades para morir

Artículo escrito por el Capitán Fernando Poladura y publicado en la Revista del Arma de Ingenieros del Ejército (Diciembre 1994)

El título de este artículo, no es una idea propia y cabe destacarlo fue extraído de un diario nicaraguense, pero trae a mi memoria momentos tan intensos vividos en esas tierras lejanas , que sirve como inspiración de este relato , que he dilatado en el tiempo buscando una manera de iniciarlo.

Nicaragua, abril de 1993 , fue el inicio de la primera misión operativa en la historia de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y junto con oficiales de otros siete países latinoamericanos, el Uruguay estaba representado por tres Capitanes del Arma de Ingenieros. La misión involucraba la asistencia técnica para la remoción de campos minados, que el Ejército Popular Sandinista (EPS) , había sembrado hacía unos diez años, para proteger objetivos que la CONTRA saboteaba habitualmente. En su mayoría, estos campos no poseían registros, y del resto, los registros estaban realizados en papeles que no reflejaban la antigüedad del campo por lo que no resultaban confiables en lo absoluto, cosa que fue tristemente confirmada en el transcurso de la operaciones.

Si bien el EPS había intentado en más de una oportunidad llevar adelante planes de desminado de su territorio, el porcentaje de bajas fue en cada uno de ellos tan elevado, que debieron desistir. La extracción guerrillera de este ejército y su falta de formación académica al respecto, influyeron en el resultado de sus operaciones, pero no es bueno atribuir solamente a esto los fracasos, es que no existe una doctrina ni la instrucción necesaria ni aún en los ejércitos más desarrollados para este tipo de trabajos. Es de hacer notar, que dentro de las fuerzas armadas de EE.UU. la doctrina aplicada a campos minados sembrados por el enemigo es la de contratar a una empresa multinacional (con elevados costos) en la que normalmente trabajan ex-militares de diferentes países, expertos en explosivos y con una amplia experiencia en el tema, además de equipos sofisticados y específicos para cada situación.

Del tal forma es que pese a que realizamos un curso previo en los EE.UU. sobre el tema, lo que allí se vió fue la apertura de brechas en campos minados tal como ya lo sabíamos de antemano por la preparación que como oficiales de Ingenieros poseíamos.

Enfrentamos entonces al llegar a Nicaragua una situación totalmente nueva, con un sinnúmero de factores que afectan cada situación de manera diferente : del tipo de terreno, dependía la facilidad o no para el sondeo y si afectaba o no la sensibilidad del detector ; de la topografia, dependía el método de trabajo a emplear, ya que se debía visar la seguridad de los operadores, para evitar tropiezos y caídas, de la vegetación existente , la necesidad de personal de apoyo al hombre del detector para eliminarla y que afectaba a su vez la visibilidad ; del clima como factor limitativo del tiempo de trabajo de cada hombre observando hasta donde podía mantener su poder de concentración y una larga lista de etcéteras, como líneas de alta tensión, insectos, etc.

Planificamos entonces la realización de un curso para los pelotones ( en una cantidad de 5 ) de la que dio en llamarse Unidad Especial de Desminado (UED) , con una duración de cuatro semanas y articulando el inicio de cada pelotón cada semana, para conciliar las dificultades logísticas del EPS y el número limitado de instructores (14 en total) para las clases teóricas y prácticas, adaptando la instrucción a lo que en los reconocimientos previos de los diferentes campos minados, pudimos apreciar sobre la realidad del trabajo. A medida entonces que los pelotones terminaban su curso y se pertrechaban, eran desplegados en las diferentes áreas de objetivos para iniciar sus tareas.

En junio de ese año (no soy bueno con las fechas) y después de varias semanas perdidas por dificultades del EPS en desplegar a sus pelotones, el primer pelotón de la UED a cargo del Tte. Castellón (EPS) y bajo la supervisión del Cap. Macías (Uruguay) y Tte. García (Argentina) encontraban la primer mina del tipo PMN-1 soviética. El Plan de Desminado había comenzado y con ello disipábamos parte de la incertidumbre que todos teníamos sobre la efectividad de los medios y las técnicas empleadas.

No sé como trasmitir la sensación que produce ingresar a un campo minado ni como se logra vencer los miedos que naturalmente surgen cuando se es consciente de las lesiones que produce una mina, pero sea como fuere debíamos hacerlo con la seguridad y la confianza suficiente como para infundirlo en el personal que entrenábamos, cuyas edades oscilaban entre los 16 y 21 años, demostrándoles en la realidad, la forma de trabajar en cada una de las especialidades de detección, sondeo y demolición de las minas localizadas.

Finalizada la semana de trabajo, nos reuníamos con los demás supervisores e intercambiábamos experiencias, intentando perfeccionar el sistema de trabajo, para minimizar los riesgos, pero cada cambio en los métodos, implicaba asumir responsabilidades en los posibles accidentes por lo que las discusiones se hacían interminables, analizando todas y cada una de las posibilidades y las características de cada terreno hasta lograr esas variantes que aumentaran la seguridad del personal y el cumplimiento de la misión.

A medida que concluían los cursos de los demás pelotones, estos eran desplegados en las diferentes áreas e iniciaban las tareas de desminado en los objetivos predeterminados. No obstante el plan previo, muchos de los objetivos debieron ser cambiados por la presencia de elementos guerrilleros de diferentes fracciones que operaban en la zona, ya que los pelotones no contaban con los elementos de seguridad necesarios ni en numero ni en armamento.

Pese a las medidas de seguridad que se implementaban en base a inteligencia previa de los movimientos que operaban en el territorio nicaraguense, a mediados del mes de julio, mientras trabajábamos en la supervisión del 1er. pelotón en el Departamento de Estelí, una fuerza de aproximadamente 150 "Recontras" tomó la ciudad, usando como punto de reorganización el campamento del 1er. pelotón en el extremo norte de la ciudad.

Felizmente no hubo que lamentar bajas, pero éstas y otras acciones que se daban cada vez más a menudo, retrasaban los trabajos e infligían una preocupación más al personal, que necesitaban poner toda su atención en el trabajo.

Los mandos del EPS manejaban por razones políticas - que no corresponde incluir en este articulo - diferencias con el gobierno sobre la financiación del plan de desminado, y esas disputas se veían reflejadas en la situación de los pelotones, los cuales nunca contaron con las condiciones de bienestar necesarias para su descanso ni lograban distender los nervios lógicos producidos por la tensión de un trabajo peligroso a lo que sumaban una situación económica difícil, con atrasos de hasta tres meses en el pago de sus haberes. De tal forma la capacidad de concentración de este personal se veía cada vez más disminuida.

En el mes de julio, algunos de los pelotones de la UED, comenzaron a recibir presiones de sus superiores en cuanto al avance de los trabajos. Estos estaban conformados por un jefe de pelotón, de jerarquía teniente o capitán y por encima de él, un capitán encargado del control administrativo y logístico. Estos últimos no habían recibido el curso previo dictado por los oficiales de la J.I.D. (Junta Interamericana de Defensa) aunque sí pertenecían al Arma de Ingenieros y tenían alguna experiencia previa.

El segundo pelotón estaba a cargo del Tte. Raudes y el Cap. Rivas, persona ésta de carácter muy emprendedor y activo, que lo llevó, en aras de acallar las críticas de sus superiores, a dividir en dos al pelotón de desminado, haciéndose cargo él de una de estas fracciones y comenzando a trabajar en dos objetivos simultáneamente.

El 17 de julio, la fracción a cargo del Cap. Rivas inició las tareas de desminado en la torre de alta tensión No. 15, parte de una línea que salía de la Planta Hidroeléctrica Centroamérica, que había sido volada por los "Recontras" unos meses atrás, dejando a varias localidades sin luz y en la que el INE (Instituto Nicaraguense de Energía) tenía particular interés en desminar para poder trabajar en ella y restablecer el abastecimiento. A primeras horas de la tarde habían avanzado casi hasta la mitad del área minada y destruido las minas halladas en base a demoliciones parciales.

Rivas se acercó hasta el borde del área aun no detectada, la que se encontraba marcada con cinta blanca sobre el terreno. Se acercó tanto como para despertar la inquietud del operador del detector, que le advirtió del peligro, pero allí se detuvo y permaneció observando el trabajo de éste y del Soldado Matamoros, que con un machete desde un área ya revisada, intentaba limpiar la vegetación que impedía avanzar con el detector. Al cabo de algunos minutos, quiera saber Dios porqué, adelantó su pie izquierdo más allá de la cinta blanca que delimitaba la zona, pisando sobre una piedra de buen porte que asomaba en la superficie. Bajo ésta, una mina PMN-1 detonó amputándole la pierna izquierda desde el tobillo aproximadamente y fracturándole la fragmentación de la roca la otra pierna. A su vez el soldado Matamoros fue alcanzado por estos fragmentos en uno de sus ojos.

A no más de tres metros de ellos, el operador del detector no sufrió mayores daños ya que estaba protegido por el equipo especial y el supervisor de la J.I.D., Cap. Claudio de Lima (Brasil) quizás por la dirección que tomó la onda expansiva, tampoco fue afectado.

En Managua seguimos con gran aflicción y frustración, todas las instancias del accidente, ya que cuando no nos encontrábamos supervisando en el campo, permanecíamos a la orden en las oficinas, permanentemente comunicados por radio. En primera instancia, los heridos fueron evacuados en un camión hasta el hospital de Jinotega, pero en éste no recibieron tratamiento alguno, permaneciendo tendidos en una hamaca por horas, hasta que un helicóptero salió desde Managua a realizar el traslado al Hospital Militar, donde se estimaba existía la atención apropiada.

Desde que ocurrió el accidente, hasta que ingresaron al Hospital Militar habían transcurrido más de siete horas. El soldado Matamoros perdió su vista izquierda, mientras que una infección generalizada le provocó al Cap. Rivas, un paro cardíaco, falleciendo esa misma noche.

Las investigaciones posteriores al accidente determinaron que el mismo se produjo por una falla humana y no de métodos, pero propiciaron una serie de cambios en éste intentando minimizar esas posibilidades de error.

A fines de setiembre, se produjeron cuatro accidentes más arrojando como saldo un muerto y cuatro mutilados (dos fueron el mismo día) creando gran conmoción en todos nosotros, ya que no se podía pensar en casualidades y debíamos hallar algún factor en común entre estos y corregirlo, se estaban perdiendo vidas humanas.

Muchos fueron los argumentos esgrimidos, pero sin lugar a dudas las fallas humanas eran en definitiva las causas directas de los accidentes y esto tenía que ver con la calidad del personal que manejábamos.

Detuvimos las operaciones por una semana para reinstruir al personal, en tanto realizábamos las investigaciones de los accidentes e introducimos algunos cambios en el método de trabajo que creo fueron para las características del área donde trabajábamos, las más ajustadas a la seguridad que se podían imponer, dándole forma a una nueva doctrina que al respecto llenaría un vacío a nivel mundial.

La situación en Nicaragua se fue empeorando cada vez más, debido a las diferencias entre el EPS y el gobierno, bajo la presión de EE.UU en base a la ayuda financiera que habían comprometido. Estos últimos reclamaban cambios que aún no se daban y que tampoco se vislumbraban en el corto plazo, por lo que suspendieron su ayuda económica. A partir de esto, casi todas las misiones de la O.E.A. que normalmente cuentan con un gran apoyo financiero de EE.UU. comenzaron a restringirse o cancelarse, y la nuestra no escapó a ello.

El 15 de diciembre de 1993, se dió por finalizada oficialmente la Misión de Asistencia para el Desminado de la República de Nicaragua, entregándosele al EPS todos los equipos con los que hasta la fecha veníamos trabajando, para que pudieran continuar su labor. No he recibido noticias de la continuación del plan, pero estimo con bastantes elementos de juicio que no podrán continuar el mismo sin un alto porcentaje de bajas, ya que la idiosincrasia de este pueblo tan particular, no es muy propenso a la disciplina y el orden, factores básicos en este tipo de tareas.

Muchas fueron las oportunidades donde la falta de personal calificado para la tarea, crearon situaciones de gran riesgo y que en la distancia se recuerdan como anécdotas corrientes, una más entre tantas vividas. Entre ellas, la que nos tocó vivir junto al 1er. pelotón, de quienes opinábamos era el mejor preparado y con el que trabajábamos rápida y eficazmente. Finalizada la localización total de un campo minado alrededor de una torre de alta tensión, nos disponíamos a instalar las cargas de TNT junto a las sesenta minas PMN-1 halladas en el lugar y los supervisores debíamos revisar una a una las conexiones del cordón detonante, para asegurar la correcta detonación de todas las cargas, a su vez colaborábamos para agilizar la operación colocando algunas de ellas.

Los explosivistas entraban y salían del campo minado acarreando las cargas prontas, hasta que en determinado momento y en tanto la mayoría de las minas ya estaban unidas por el cordón detonante uno de ellos tropezó y casi cae arriba de una mina señalizada. No recuerdo ahora quien lo detuvo o si el solo la evitó , pero sé que se produjo un gran silencio y pensamos que todo estaba perdido. Si hubiera detonado esa mina, todo el resto del campo hubiera volado junto a las cargas de TNT ya colocadas y con las personas que nos encontrábamos allí. De ahí en más en esta etapa sólo nosotros ingresábamos al campo a colocar las cargas. En lo jocoso de nuestras costumbres idiomáticas diferentes, el grito de " guambia " , quedó grabado en la mente de esos soldados nicaraguenses que lo repetían como una broma.

A punto de finalizar la misión, con la finalidad de ilustrar a la O.E.A. y a la J.I.D. sobre el desarrollo del plan, se prepararon una serie de gráficas en las que se aludía a las expectativas iniciales y al rendimiento real del trabajo, que como datos miscelánicos que pueden interesar al lector trataremos de explicar con los textos que siguen.

Los efectivos iniciales comprendían 115 hombres operativos dentro de los 5 Pelotones de Zapadores, los cuales fueron instruidos y capacitados para cumplir con el desarrollo de la misión, posteriormente y debido a dificultades presupuestales del EPS, a los accidentes o a otros motivos de carácter administrativo o personal, se fueron sufriendo bajas que obligaron a una nueva reinstrucción de personal en particular para las tareas de detección, sondeo, uso de explosivos y a quienes desempeñaban el papel de jefe de escuadra.

Desde el inicio de las operaciones de desminado en JUN 93 hasta su finalización el 15 de D1C 93, ocurrieron 5 accidentes con un saldo de 7 bajas, entre los que se cuentan: 2 muertos, 3 hombres con mutilaciones parciales de piernas y 2 hombres con pérdidas de un ojo.

Si se comparan los cuadros anteriores se apreciará que la mayor cantidad de bajas se da en los pelotones que tuvieron accidentes y se podrían considerar como bajas sicológicas.

La situación de los campos minados en Nicaragua , fue determinada por el EPS, el cual informó de : la cantidad de objetivos, su ubicación y cantidad posible de minas.

Posteriormente y luego de una evaluación conjunta entre el EPS y la J.I.D. se establecieron las etapas para la ejecución del desminado, finalmente, y de acuerdo con las orientaciones del Sr. Secretario General de la O.E.A. se estableció el inicio de la realización del desminado en la zona central del país, con una duración de un año, para la que el PLAN DE DESMINADO DEL TERRITORIO NACIONAL (I ETAPA), del EPS, fijó los objetivos.

Según datos cerrados al 12 de NOV.1993, considerándose el trabajo conjunto de los 5 Pelotones, se cumplieron únicamente con 45 días reales de trabajo, se desminaron 60 objetivos de los 310 previstos, destruyéndose 2238 minas.
. . .
La suma de lo ejecutado por todos los Pelotones asciende a 61 objetivos, sin embargo sólo se consideran 60 objetivos, ya que el objetivo del 5to. Pelotón, (limpieza del campo minado en el perímetro de la planta hidroeléctrica Centroamérica) no fue concluido y demandará un esfuerzo aún considerable de ese Pelotón.

A continuación se muestra un paralelismo entre el rendimiento previsto en el Plan de Desminado y lo efectivamente realizado. Para ello, se ha considerado un año de trabajo de 262 días, en que sólo se descuentan los sábados y domingos, sin considerar los feriados o vacaciones.

Acorde los datos del PLAN de DESMINADO del TERRITORIO NACIONAL (I ETAPA), del EPS, la cantidad de objetivos que se pretendía desminar en un año era de 310 objetivos.

Los días efectivamente trabajados hasta el 12 de NOV.1993 fueron 45 y en esa cantidad de días se despejaron 60 objetivos.

Haciendo una simple operación matemática se debieron desminar, acorde el PLAN del EPS , 1,18 objetivos por día de trabajo. La realidad indica que se desminaron 1,33 objetivo, por día de trabajo efectivo.

Tomando en cuenta la cantidad de objetivos , existe correspondencia de rendimiento por día de trabajo entre el previsto en el PLAN del EPS y lo efectivamente ejecutado. El aspecto técnico se vio adaptado a las circunstancias de Nicaragua lográndose los rendimientos previstos.

El área despejada superó los 27.570 metros cuadrados (datos al 12 de NOV.93) sin referencia del total, que no fue previsto en el PLAN original del EPS.

Cabe hacer notar, que las áreas minadas hace casi 10 años y cercadas por el EPS fueron modificadas en su mayor parte por los pobladores locales, ya que al caerse o dañarse la cerca original retiraron la misma y volvieron a cercar varios metros más afuera de ésta, con lo que obligaron a realizar un barrido mucho más extenso de lo que hubiera sido posible considerar para la cantidad de minas previstas. Esta consideración es muy importante ya que toda el área cercada debió considerarse como minada. Un campo delimitado por una cerca de alambre o un muro de piedra aún cuando se suponía con alguna certeza de que encerraba un reducido número de minas era un campo minado y como tal tenía que ser tratado. Así, todo lo que sonaba a los oídos del operador de detector necesitaba ser tratado como una mina , con el consiguiente desgaste en tiempo y esfuerzo de personal que esto significaba.
. . .

A manera de ejemplo se pueden visualizar entre muchas posibles , algunas conclusiones :

* los accidentes ocurrieron en aquellos pelotones que debieron actuar en un terreno con más alta densidad de minas (tomadas en un área de 100 m2)


. . .

* La incierta ubicación de las minas y la no consideración de la densidad del campo minado muestran diferencias entre el PLAN del E.P.S. y lo ejecutado, pero esto se produce por un sinnúmero de imponderables no considerados en la planificación inicial y que produjeron considerables retrasos en la ejecución del mismo.

Al momento de cerrar este artículo no puedo dejar de nombrar al May. Sosa, muerto en Ruanda mientras se desempeñaba en una misión de paz de las Naciones Unidas , ni tampoco los accidentes sufridos por otros camaradas en lejanos lugares del planeta. Pero creo que sus opiniones serán frente a la desgracia coincidentes con las mías. LO VOLVERIAN A HACER , porque más allá de causas justas o no , o que nos toquen más de cerca o no , el cumplimiento de misiones de paz en esas áreas convulsionadas, colma nuestras expectativas de SOLDADO, de aventureros, de sentir y ver los resultados de nuestro mejor esfuerzo , de SERVIR.

Aclaraciones : los párrafos subrayados son de nuestra responsabilidad , los destacados en negrita corresponden al autor.-