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LA MISION

Categoría : Cuento . Autora : Mariela Rodriguez (escritora uruguaya)

Partí de la vieja URSS, mi próxima parada Cuba, mi destino Angola. Todos los trámites se cumplieron al pie de lo pactado. Se podría decir que tengo “los nervios” de acero y no estaría en un error. Ser lo que soy, como tantos otros miles, un asesino, me enorgullece. Tal es mi ferocidad por dar en el blanco, acechar, esperar paciente al enemigo, que no soy fácilmente sustituible. El enemigo : cualquiera, el que tenga a mi alcance, aquel que entre en rango de “hostil” para mis jefes.
Hemos sido distribuidos por todo el planeta, y la mayoría de nosotros continua aún con la orden latente de matar.
1995 , llevo 6 meses aguardando, para dar en el blanco, soportando el calor agobiante de Quessua , en las afueras de Malange, el puesto de combate: las inmediaciones de una escuela rural.

A miles de kilómetros suena un celular...
- ¡¡ No atiendassssss!!
Le gritó Laura.
- Shh.¿Cómo no voy atender?
Se alejó de la puerta volviendo al comedor. Minutos después entraba al cuarto, su mujer dormía. Se acostó a su lado dejando la noticia para la mañana siguiente.
- Víctor saca a la perra,¿no ves?¡¡tiene el hocico en la mesa!! .Sólo a vos se te ocurre comprar esta ovejera, no ladra, ensucia, me complica la vida...
- ¡Salí Romina!. Out!,out!!! ¡¡¡Tengo un noticia ...viajo el lunes !!!!
- ¿El lunes? Pensé que sería dentro de unos meses...el 27 es el cumpleaños de 15 de la hija de Patricia.
- Tendrás que acostumbrarte, por un año iras sola a todas partes.
- Pero te voy a extrañar ...
- Lo sé, ya lo discutimos ¿no? Hicimos cuentas, y nos sirve.

Tocaron timbre interrumpiendo el diálogo, Laura se levantó a atender. Víctor aprovechó para tomar el último trago de café negro destemplado, ayudando a bajar por la garganta la única razón que su mujer aceptaba y que le estaba permitido esgrimir. Acarició aquella perra que desde el primer día lo amó como si hubiese sido el único y primer dueño. Romina, estaba entrenada para no ladrar, para obedecer, pero en cuestiones de hábitos, él la malcriaba .
Las despedidas en el aeropuerto fueron emotivas, la verdad lo conmovían las cartas de Laura. ¡Como la extrañaba! Cinco meses era mucho, no contaba con tiempo libre o si lo tenía caía desplomado por el cansancio, los nervios de supervisar las tareas era aterradoramente agobiante. Organizó una ida a la feria paupérrima de Malanga con algunos de sus compañeros. A pesar del calor, estaba atestada de gente; los angoleños no eran de la simpatía del grupo y Víctor habiendo caminado cuatro cuadras con dificultad, sorteando como podía a tanto mendigo, estaba realmente fastidiado. Intentaba ser humano con todos pero era una tarea imposible. Se juró así mismo que la próxima persona que le interceptara el breve y humilde paseo, se encontraría con su puño.

- Ppsss Amigo ... amigo, por favor ...
Alguien le golpeaba la espalda por enésima vez, se acordó lo que se había prometido, apretó sus puños con rabia contenida, controlando la respiración.
- Amigo, cómpreme ...
Con rapidez dio un giro de 180 grados dispuesto a derribarlo de un golpe.
- Amigo ¿No me compra algo para comer?

Frente a Víctor un niño de unos sucios once años, le extendía una sonrisa desdentada, sus manos sostenían unas precarias muletas. Le faltaba toda la pierna derecha...
El estómago se hizo un nudo, la culpa, un brazalete que oprimió el corazón y el remordimiento por su poca paciencia fue torturante. Le compró comida y bebida y le dio todo el dinero que llevaba encima. Aún así la imagen del muchacho le acompañó en sus sueños, en forma de pesadilla.
A la mañana siguiente, su determinación era aún más fuerte, debía encontrar a los responsables antes que siguieran con su destrucción
Junio 1996, Angola, llevo más de tres años esperando, desde mi puesto escucho conversaciones, no las entiendo. Nada me distrae, el camuflaje es perfecto, todo es cuestión de tiempo, me inmolaré junto a mi blanco, el adoctrinamiento como toda mecánica es preciso. Esta mañana está más calurosa que de costumbre.
Uno de ellos descubre a uno de los nuestros. Siento rabia...continúo esperando, podría convenirme “la caída de un compañero” ... Las voces se alejan, llamando a otro. No se bien cuantos son ... Mis fibras se tensan.
Sólo un ataque de un gran felino sería comparable a mi estilo. El animal se encoge, templando sus músculos sin importarle cuanto deba estar en esa postura. La víctima está totalmente indefensa, ignorante del peligro. La fiera aguardará el mejor momento para dar su salto mortal y será el final de la presa.
Alguien se acercaUn segundo hombre se adentra en la senda, gritando órdenes enérgicas a que aguarden ... camina lento... desconfía...
¿Vendrán también por mi? Estoy alerta, a punto de estallar, tirante como un resorte comprimido, esperando la señal. Ese preciso movimiento que indique cuando actuar
Fracasar ahora después de tantos años de espera... sería imperdonable...
Con manos ásperas y transpiradas, despeja poco a poco el camuflaje diabólico.
Ha descubierto a uno de los nuestros. Yergue su cuerpo, levanta bien su quijada y dedica una sonrisa triunfal a su equipo; la última palabra no está dicha. Dando un sólo paso hacia atrás, apoya su pie derecho dentro de mi perímetro. Es el momento esperado, el que he estado aguardando hace 6 años.
El hombre siente la explosión. Segundos de locura, gritos desgarradores...

- ¡¡¡Capitán Víctor !!!
- ¡Capitán!

El mundo se detuvo, intenta ponerse en pie inútilmente, su pierna ha sido volada por una mina antipersonal, un arma definida como “el soldado perfecto”. Se sumerge lentamente en la inconciencia, la mano trémula acaricia la ultima carta recibida.
En otro continente Laura se pregunta el porque de los aullidos lastimosos de la ovejera.


“Existen más de 110 millones de minas sembradas sobre la faz del planeta, esta cifra crece año a año. Mas de 100 fabricantes de casi 50 países que no han firmado el Tratado de Ottawa sobre la prohibición del uso, fabricación, almacenamiento y comercialización...Las estadísticas indican que cada 20 minutos en algún lugar del planeta , se produce un accidente . . .“
Mariela Rodriguez