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MELCHOR
PACHECO Y OBES (Buenos Aires, 1809-1855)
Militar
y político del Partido Colorado, uno de los hombres fundamentales
de la Defensa de Montevideo durante la Guerra Grande. Era hijo del capitán
de blandengues Jorge Pacheco y de Dionisia Obes. Se educó entre
Buenos Aires y Río de Janeiro, donde vivió un tiempo con
su tío Lucas J. Obes. Al iniciarse la Cruzada Libertadora de 1825
- revuelta contra la dominación brasileña de la Provincia
Oriental - el joven Melchor, con 16 años, se incorporó en
Mercedes a las tropas rebeldes de Julián Laguna, quien lo nombró
su secretario.
Hizo la guerra contra Brasil y participó en la decisiva Batalla
de Ituzaingó (febrero de 1827).
Regresó después a Buenos Aires, pero al poco tiempo se instaló
de manera permanente en Montevideo . Pese a su amistad con Juan A. LavaIleja,
no lo acompañó en su aventura revolucionaria de 1832 contra
la presidencia de Fructuoso Rivera y lo combatió bajo las órdenes
de Jósé María Ráña.
Se mantuvo al margen de la sublevación de Rivera contra el presidente
Manuel Oribe en 1836-1838; pero cuando Rivera – proclamado presidente
por segunda vez - en febrero de 1839 declaró la guerra al gobierno
de Bue¬nos Aires, de Juan M. de Rosas, Pacheco se enroló en
las fuerzas que comandaba Rufino Bauzá.
lniciada entonces la Guerra Grande (1839-1851), ascendió rápidamente
merced a su cultura superior y a sus dotes de mando, y alcanzó
en 1841 el grado de teniente coronel. Rivera, que le tenía en ese
momento gran aprecio, lo designó segundo jefe del Estado Mayor
y luego comandante militar y jefe político de Soriano. Después
de la batalla de Arroyo Grande (diciembre de 1842) dejó el cargo
y se incorporó al ejército de Rivera, que regresaba en derrota;
el presidente lo hizo ministro de Guerra y Marina, y en ejercicio de este
cargo, en los momentos más difíciles para la causa de la
Defensa de Montevideo , sitiada por Oribe desde 1843, comenzó a
labrarse su legendario prestigio.
Se reveló como un organizador extraordinario, mantuvo en Montevideo
al general José María Paz, a quien designó comandante
general de Armas; reorganizó los cuerpos militares, se encargó
de la reconstrucción y extensión de las fortificaciones
y se convirtió en el alma mater de la resis¬tencia.
Participó en los combates del Cerro y el Pantanoso y su prestigio
creció de manera espectacular, ayudado sin duda por sus vinculaciones
familiares con Manuel Herrera y Obes, su primo hermano.
En 1844 dimitió del Ministerio después de un conflicto con
el gobierno , y fue deportado a Río de Janeiro junto a su hermano
Manuel. Vivió allí un año con estrecheces, pero en
1845 fue llamado por el presidente del gobierno de la Defensa, Joaquín
Suárez, quien lo ascendió a general y le encargó
el mando total de las tropas de intramuros. Discrepante con la situación
creada por la reaparición de Rivera en 1846, que culminó
en un motín militar , renunció e12 de abril y se asiló
en un barco francés que lo llevó nuevamente a Río
de Janeiro.
En 1849 Manuel Herrera y Obes lo designó ministro plenipotenciario
en Francia; el objetivo, casi desesperado, era convencer al gobierno francés
de que no retirase el apoyo a la causa de la Defensa. Pacheco fue recibido
por el Parlamento francés, ante el cual pronunció un brillante
alegato – en correcto francés y con inusual energía
– , en el que no faltaron juicios favorables para los adversarios
de su causa. En cierto momento de su discurso apreció que algunos
diputados conversaban y se reían. Entonces se dirigió a
ellos recriminándoles su descortesía y su indiferencia ante
el drama de otros pueblos ("en nues¬tras guerras se muere, señores.
¿Es que acaso en las vuestras se hace otra cosa?"). Pese a
haber causado excelente impresión, no obtuvo ayuda concreta. Se
vinculó con sectores intelectuales que realiza¬ron una fuerte
propaganda a favor de la causa de la Defensa en el lejano y exótico
Río de la Plata.
Su amistad con el célebre escritor Alejandro Dumas (padre) motivó
la aparición de un opúsculo titulado Montevideo o la nueva
Troya; es suposición general que Pacheco y Obes lo redactó
y Dumas sólo puso la firma.
Signada la paz de octubre de 1851, que puso fin a la Guerra Grande, regresó
a Uruguay , no sin antes realizar una parada en Río y mantener
una cordial entrevista con Rivera.
En Montevideo se vinculó al sector de los “conservadores”
colorados y le cupo responsabilidad en el motín del 18 de julio
de 1853. Cuando estalló el inesperado enfrentamiento entre la Guardia
Nacional (de mayoría blanca y, según se dice, desarmada)
y e12° Batallón de Cazadores liderado por León de Palleja,
promotor de la asonada, Melchor Pacheco se presentó ante el presidente
Juan F. Giró, que estaba reunido con el cuerpo diplomático,
y le dijo que había estallado un motín que él personalmente
desaprobaba, pero que tenía obligaciones que no podía desconocer
con sus compañeros de armas, a los que iba a sumarse para tratar
de restablecer el orden. Era un golpe con formas amables que comenzó
a gestar el derrocamiento de Giró; el presidente aceptó
nombrar dos ministros colorados, exigencia de los "conservadores"
que hasta ese momento había resistido (Manuel Herrera y Obes en
Hacienda y Venancio Flores en Guerra y Marina). Pero el 24 de setiembre
, después que Flores requiriera a su vez que se nombrasen tres
jefes políticos colorados, Giró dimitió y se asiló
en la Embajada de Francia. Para entonces Pacheco había adoptado
una posición claramente subversiva. Fue uno de los principales
impulsores de la constitución del Triunvirato que sucedió
a Giró y fue premiado con el cargo de jefe del Estado Mayor del
Ejército, lo que ponía en sus manos el poder militar. Pero
éste valía poco ante la creciente influencia del caudillo
Flores, que a la muerte de Lavalleja y Rivera quedó a cargo del
Poder Ejecutivo. No se entendió con el nuevo mandatario y presentó
renuncia. Dirigió por algunos meses el periódico El Nacional,
pero en mayo de 1854 abandonó el país y se radicó
en Buenos Aires. Falleció el 21 de mayo de 1855 y fue enterrado
en Montevideo ; sus restos están en el Panteón Nacional.
Pacheco y Obes, a quien José E. Rodó consideraba la figura
más fascinante de la historia nacional , fue un curioso personaje:
general que jamás ganó una batalla, se destacó más
como organizador, orador y periodista que como soldado. Se casó
dos veces, en primeras nupcias con Manuela Texera (de la que tuvo un hijo
llamado Máximo) y luego de enviudar contrajo enlace con Matilde
Stewart Agell, con quien no tuvo descendencia.
Fuente : Enciclopedia del Uruguay
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