LA GUERRA GRANDE ( 1839 – 1851)

Es el nombre que contemporáneos de los hechos e historiadores posteriores dieron al conflicto que se produjo en el área del Río de la Plata entre 1839 y 1851. Los beligerantes fueron, de un lado, los federales argentinos, liderados entonces por Juan Manuel de Rosas y aliados a los blancos de Uruguay encabezados por Manuel Oribe; y del otro, los unitarios aliados a los colorados, partido inicialmente acaudillado por Fructuoso Rivera.

El enfrentamiento trascendió ampliamente la conflictividad propia de las repúblicas platenses y contó con intervención, diplomática y militar, del Imperio de Brasil, Francia y Gran Bretaña, además de la participación de fuerzas extranjeras o legiones de inmigrantes.

Se jugaron en ella intereses e ideas diversas, lo que hace que la cabal comprensión del hecho sea compleja. Un elemento esencial fue la lucha entre unitarios y federales argentinos, continuación del largo conflicto ideológico iniciado en 1811 entre las autoridades revolucionarias de Buenos Aires y el caudillo oriental José Artigas.

Los unitarios atacaban intransigentemente el gobierno autoritario de Juan Manuel de Rosas, manejando el esquema "civilización" contra "barbarie"; en tanto los federales se proclamaban defensores de la soberanía nacional y acusaban a sus adversarios de ser agentes al servicio de intereses extranjeros. Este aspecto encerraba también un aspecto social, pues los federales expresaban los intereses del medio rural y las provincias del interior; Rosas, particularmente, buscó el respaldo de las clases serviles y los sectores populares de Buenos Aires. La lucha en Uruguay se inició en 1836 cuando Rivera se alzó contra el presidente Oribe, a quien obligó a abandonar el gobierno en 1838. Nacieron entonces las divisas tradicionales : colorados y blancos.

En la Guerra Grande se enfrentaron entonces dos "legalidades" (ambas igualmente ilegales de acuerdo al texto constitucional) : la del gobierno del Cerrito, ejercido por Oribe sobre todo el país menos la capital ; y la del Gobierno de la Defensa de Montevideo, que consideraba a Oribe dimisionario en 1838 y juzgaba legal la elección de Rivera como tercer presidente de Uruguay en 1839, y ajustada a derecho su sucesión en el gobierno encabezado por Joaquín Suárez.

En forma paralela existió una lucha de la Confederación Argentina y de sus aliados orientales por el reconocimiento de derechos de soberanía nacional desconocidos o discutidos por las potencias europeas con intereses en la zona (Francia y Gran Bretaña). Un punto crucial fue la exigencia de esos países de la libre navegación de los ríos interiores (particularmente el Paraná y el Uruguay), que los federales consideraban jurisdicción de los gobiernos nacionales. Este aspecto se expresó en un largo conflicto diplomático y en la intervención de fuerzas europeas en beneficio de unitarios y colorados. La participación de Brasil en el desenlace del conflicto, que tan caro costó a Uruguay, tuvo otras características, y se enmarcó en la pretensión histórica de los norteños de extender su límite Sur lo más cerca posible del Río de la Plata, al que siempre consideraron su frontera natural.

La Guerra Grande fue también un enfrentamiento ideológico entre los defensores del liberalismo político y los nacionalistas (en ese entonces, liderados por Rosas, de marcado tono autoritario). Los unitarios, liderados ideológicamente por Domingo F. Sarmiento, se veían como representantes de la cultura de raíz europea, tolerante y civilizada, y consideraban a sus adversarios, los caudillos federales y sus aliados, una suerte de señores feudales primitivos y bárbaros, que debían ser políticamente eliminados como condición imprescindible para cualquier forma de progreso. Los colorados uruguayos participaban de este esquema, al menos los montevideanos del Gobierno de la Defensa. Por su parte, los federales, con Rosas a la cabeza, se veían como defensores de la soberanía nacional frente a la prepotencia extranjera y sostenían que las formas autoritarias de gobierno eran imprescindibles debido a la agresividad de la intervención de las potencias europeas.

Los blancos de Oribe actuaron insertos en este esquema ideológico. Más allá de las intenciones y la retórica, ambos bandos se caracterizaron por una extrema intolerancia. Sin embargo, los excesos represivos de la tiranía rosista favorecieron la imagen de sus enemigos, y provocaron que algunas destacadas personalidades que en un principio estuvieron con el gobernador de Buenos Aires, luego cambiaran de bando. Más lavadamente, se produjo una intensa puja entre caudillos y "doctores" ; que afectó a ambos bandos y se dio con especial fuerza en Uruguay. Los conflictos en el Cerrito entre Oribe por un lado y Bernardo P. Berro o Eduardo Acevedo por otro, y en la Defensa entre Rivera y Venancio Flores por una parte y Manuel Herrera y Obes y Joaquín Suárez por otro, fueron expresión de esta oposición, que se prolongaría a lo largo de todo el siglo XIX oriental.

Por último, el conflicto fue pretexto para la participación de tropas extranjeras, lo que no sólo tuvo consecuencias militares sino sociológicas, ya que muchos de esos soldados se quedaron a vivir en Uruguay y fueron la raíz de una sociedad de aluvión.

Especial importancia tuvo la presencia de Giuseppe Garibaldi al frente de su Legión italiana, debido a la trascendencia universal que su figura adquiriría años después en la lucha por la independencia y la unidad de Italia. Aunque un sector de la historiografia blanca considera que el condottiero italiano actuó en la Guerra Grande como simple aventurero y mercenario al servicio de la Defensa de Montevideo, es opinión mayoritaria que lo animó también una identificación ideológica con liberales y masones, en los que vio una correspondencia con sus ideas, liberales y anticlericales.

La Guerra Grande puede dividirse en tres períodos:

1) La "guerra argentina” (1839-1843). El centro del conflicto se desarrolló en territorio de la Confederación y en enfrentamientos entre los caudillos unitarios -encabezados por Juan Lavalle – y el federalismo rosista , que tuvo un respaldo esencial en el caudillo federal entre¬rriano Justo José de Urquiza. Manuel Oribe derrocado en Uruguay por Rivera, actuó como jefe del ejército de la Confederación rosista y mostró su eficacia militar.

2) El “Sitio Grande” (18473-1851) esta etapa estuvo signada en Uruguay por el largo sitio de Montevideo establecido por Oribe al frente de tropas orientales y argentinas. En el país hubo entonces dos gobiernos : el del Cerrito, presidido por Oribe y el de la Defensa, encabezado por Joaquín Suárez. Durante este período de ocho años el centro de la guerra pasó por la lucha de Rosas contra la intervención extranjera. En Uruguay, el sitio se transformó en una situación estable y hubo largos períodos, de varios meses, en los que no se combatió (lo que ha llevado a algún historiador a sostener que la Guerra Grande, en definitiva, ni fue grande ni fue verdaderamente guerra). Pese a ello, las intrigas diplomáticas fueron permanentes.

3) La “coalición antirrosista” (1851-1852). Se caracterizó por una nueva alianza entre los unitarios, los colorados, el caudillo entrerriano Urquiza y el Imperio de Brasil, con la participación de destacados personajes que habían actuado del lado federal. Este período puso fin en Uruguay al "Sitio Grande” , a costa de comprometer la soberanía del país en los tratados con Brasil firmados en 1851 por un representante de la Defensa, Andrés Lamas. Pese a que la fórmula de la paz firmada el 8 de octubre de 1851 afirmaba que la guerra terminaba "sin vencidos ni vencedores"; el control del país quedó a cargo del Gobierno de la Defensa.

En Argentina el conflicto no finalizó hasta la derrota de Rosas en la batalla de Caseros (3 de febrero de 1852). El año 1838 fue decisivo en el dibujo de los acontecimientos posteriores. El 20 de octubre falleció Encarnación Ezcurra de Rosas. El 24 de octubre Oribe -derrotado tras dos años de lucha contra la sublevación de Rivera- presentó al Parlamento uruguayo su carta de "resignación" de la presidencia y el 29 llegó a Buenos Aires. El puerto estaba bloqueado por una fuerza naval francesa, que había ocupado la isla Martín García. En los primeros días de noviembre Rivera entró a Montevideo y se hizo cargo del poder. El 12 de noviembre fue asesinado el gobernador de Tucumán, Alejandro Heredia, un federal de tendencias liberales que predicaba la necesidad de "fusionar" ambas corrientes.

El 20 de noviembre Oribe y Rosas se encontraron personalmente por vez primera; Rosas comunicó al caudillo uruguayo que le reconocía como presidente legal del país y le ofreció el cargo de comandante en jefe del Ejército de la Confederación Argentina. En esas condiciones, y con el entusiasta apoyo de Francia, comenzó una sublevación unitaria contra Rosas. Rivera, abandonando su vieja alianza con los caudillos de Rio Grande do Sul, buscó el apoyo del gobierno de Corrientes, Berón de Astrada. El 31 de mayo Rivera y Berón de Astrada firmaron un pacto contra Rosas y se abrieron las hostilidades (Corrientes, que tenía buenos puertos de río, seguía una política librecambista que chocaba frontalmente con la de Rosas y aspiraba a que se reconociera la libre navegación de los ríos, lo que le permitiría comerciar directamente con naves europeas que remontasen el Paraná hasta sus puertos). En febrero de 1839 Rivera ( " mientras asistía a un baile de máscaras en Durazno, disfrazado de moro “ ; según versión de Vivián Trías) firmó el documento por el cual se declaraba la guerra a Rosas. Pocos días después Berón de Astrada hizo lo mismo. Los gobernadores de Santiago del Estero, Catamarca y La Rioja daban señales de que no verían con malos ojos el derrocamiento de Rosas y el prestigioso general Juan Lavalle, hasta entonces radicado en Montevideo y reacio a participar en el conflicto por oponerse a la intervención francesa, se sumó a la lucha. Los ejércitos federales, sin embargo, dieron testimonio de efectividad y apoyo popular.

El 21 de marzo de 1839 el gobernador de Entre Ríos, Pascual Echagüe, derrotó completamente a Berón de Astrada en la batalla de Pago Largo, en la que hubo un masivo degüello de heridos y prisioneros, y en la que fue muerto el propio Berón.

En junio fracasó en Buenos Aires un intento de asesinar a Rosas que supuso el fusilamiento del coronel Ramón Maza; los emigrados unitarios de Montevideo proclamaban: "Es acción santa matar a Rosas".

En julio , Lavalle desembarcó en Entre Ríos, dispuesto a combatir a, Echagüe (firmó una proclama adhiriendo al federalismo, pero nadie se lo tomó en serio). De allí pasó a Corrientes, donde se puso a las órdenes del nuevo gobernador Ferré. Echagüe, en tanto, invadió Uruguay y se enfrentó a Rivera en la batalla de Cagancha, departamento de San José, el 29 de diciembre de 1839. Fue esta una de las más brillantes victorias del caudillo oriental en toda su gloriosa trayectoria , y también la última.

La victoria de Cagancha dio nuevo impulso a los unitarios, que comenzaron a presionar al entonces presidente oriental para que invadiera territorio argentino, cosa a lo que éste se negó. Lavalle, entonces, asumió el protagonismo y embarcó 4000 correntinos en barcos franceses para llevarlos a la provincia de Buenos Aires, contra la opinión del gobernador Ferré. Lavalle desembarcó en San Pedro el 5 de agosto de 1840 y avanzó sobre la capital; esperaba un alud de gente en su apoyo, pero sólo encontró hostilidad e indiferencia. Cuando se enfrentó con el ejército de Rosas, decidió no combatir y el 7 de setiembre ordenó la retirada. Pasó entonces a Santa Fe y ocupó la provincia, en medio de atroces desmanes, que contaban con el apoyo explícito del general, sumido en una depresión cada vez más profunda : ("¿Disciplina en nuestros soldados? , ¡No! , ¿Quieren matar? , déjelos que maten , ¿Quieren robar? , déjelos que roben"). Marchó luego hacia Córdoba, procurando tomar contacto con el general Araoz de Lamadrid, inicial aliado de Rosas que había defeccionado y estaba al frente de una nueva coalición hostil al "Restaurador".

La firma, el 29 de octubre de 1840, de la Convención Mackau-¬Arana, que finalizaba el bloqueo francés, fue un golpe de muerte para la causa antirrosista. Pero el desastre acabaría con Lavalle el 28 de noviembre cuando, en la batalla de Ouebracho Herrado (o Quebrachito), se encontró con las tropas rosistas que comandaba Oribe. El caudillo oriental obtuvo allí una aplastante victoria. Lavalle y Lamadrid buscaron apoyo en los emigrados unitarios que estaban en Chile, encabezados por Sarmiento, y proclamaron una guerra a muerte. El 19 de setiembre de 1841 Oribe alcanzó a Lavalle y volvió a derrotarlo completamente en la batalla de Famaillá. Con poco más de 200 hombres, Lavalle siguió hacia el Norte rumbo a Jujuy, siempre perseguido por Oribe.

El 8 de octubre Lavalle , enfermo, dejó a su tropa en el exterior y entró a Jujuy con una escolta de ocho hombres; en la madrugada del 9 fue muerto en un tiroteo con soldados federales.

ORIBE Y LAVALLE

El jefe unitario Juan Lavalle fue muerto en una vivienda de Jujuy en la madrugada del 9 de octubre de 1841 por una partida de soldados federales, que sin embargo no lo reconocieron y abandonaron su cadáver. Oribe, según se dice, había jurado llevar a Rosas la cabeza de su enemigo. La pequeña partida que acompañaba a Lavalle y que huyó durante el tiroteo en que resultó muerto, se juramentó que : "¡¡Oribe nunca tendrá el cuerpo del general!!". Regresaron a Jujuy, envolvieron el cadáver en un lienzo y lo colocaron sobre un caballo. Lo cubrieron con un poncho celeste (color unitario) y marcharon hacia el norte, rumbo a la quebrada de Humahuaca. Diez hombres lo escoltaban, comandados por Laureano Mansilla. Como el cuerpo se había descompuesto, a orillas del arroyo Huancalera lo descarnaron, guardaron su corazón en un frasco de vidrio que contenía alcohol, envolvieron la cabeza en un pañuelo y sepultaron los huesos en una capilla. Luego marcharon, con sus reliquias, hacia el norte hasta internarse en territorio de Bolivia. Oribe, terrible, se lo contaba así a Rosas: "Por fin, no llegaron a Bolivia del salvaje unitario Lavalle más que los huesos y el pellejo de la cara. Lo demás quedó para pasto de los cóndores, como lo merecía".

No todo iba bien para las armas federales, sin embargo ; el 28 de noviembre de 1841 el general unitario José María Paz (el "Manco" Paz) derrotó al gobernador de Entre Rios Echagüe, en la batalla de Caaguazú. Éste debió huir y fue suplantado en la gobernación provincial por Justo José de Urquiza, que pasaría a jugar un papel decisivo en el futuro. Autodesignándose gobernador de Entre Ríos, Paz organizó una reunión en Paraná con Ferré, gobernador de Corrientes, Juan Pablo López de Santa Fe (federal enemistado con Rosas) , y Fructuoso Rivera, presidente de Uruguay. Representantes de estos cuatro caudillos se reunieron en febrero de 1842 y convinieron continuar la guerra contra la Confederación, pero con el objetivo preciso de formar un nuevo Estado compuesto por los citados territorios, a los que se agregaría Río Grande do Sol, constituido entonces en la República Farroupilha (su principal jefe, Bentos Goncalves había acordado su participación en el proyecto con Rivera, en secreto). Pero la coalición, y su proyecto de constituir lo que se ha dado en llamar : ”El Uruguay Mayor” , no funcionó adecuadamente , nadie reconocía a Paz como gobernador de Entre Ríos, y el 14 de octubre de 1842, en una reunión realizada en Paysandú directamente por los jefes de la alianza (Paz, Rivera, Ferré, López y Goncalves) se acordó dar el mando supremo de las tropas a Rivera lo que disgustó a Paz y provocó su retiro. Para ese entonces el almirante William Brown había destruido a la flotilla de Montevideo (comandada por Giuseppe Garibaldi) en Martín García , y en Buenos Aires se había desatado una terrible matanza de los adversarios de Rosas.

Oribe, triunfante, regresaba desde Jujuy y llegó a territorio de Entre Ríos ; Rivera cruzó entonces el río Uruguay y marchó a enfrentarlo en Arroyo Grande. Según Adolfo Saldías, Rosas habría engañado al diplomático inglés Mandeville, que se las daba de amigo suyo, haciéndole creer que Oribe estaba prácticamente desvalido, sin caballos y con pocas armas. Mandeville, de inmediato, envió a un hombre de su confianza a Uruguay a dar la nueva a Rivera, que marchó entonces en busca de su viejo enemigo, a quien creía sorprender. El 6 de diciembre de 1842 se inició la batalla de Arroyo Grande, peleada entre dos ejércitos de unos 8000 hombres cada uno. El triunfo de Oribe fue completo. Rivera regresó a marchas forzadas a Montevideo, y Oribe lo siguió, invadiendo territorio oriental. El 16 de febrero de 1843 la vanguardia de sus tropas acampó en el Cerrito, suburbio de Montevideo, y sitió la capital uruguaya.

Fuente : Enciclopedia del Uruguay